En honor a la mujer

Por: Nory W. Rivera

Provengo de una familia donde predominan las mujeres. Mi abuela Martina crió ocho hijos: cinco mujeres y tres hombres. Aunque vivió en una época muy tradicional, hacía cosas poco tradicionales. Por ejemplo, manejaba su propio dinero producto de la costura y manualidades, era   determinada y trataba de no depender de mi abuelo. Me cuenta mi tía que si había que poner una verja ella misma la ponía; hasta ponía bloques y hacía su jardinera si era necesario. Así crió a sus hijas, mujeres que enfrentan cualquier situación.

En mi caso particular, soy la mayor de cuatro hermanos y tres somos mujeres. Mi mamá nunca nos puso ninguna limitación por el hecho de que fuéramos mujeres y  no recuerdo haber visto o experimentado un trato diferente  entre mi hermano y nosotras. Por el contrario, aunque amamos mucho a nuestro papá y a nuestro hermano, las mujeres en mi casa muchas veces nos imponíamos a los varones y  ellos, por consideración o tal vez por evitarse problemas con el equipo contrario (o porque sabían que tenían las de perder) siempre nos trataban   con igualdad y respetaban nuestras decisiones. 

Ese mismo sentido de equidad de género la inculcamos mi esposo y yo en nuestra casa. Mis dos hijas pueden disfrutarse la frivolidad de un desfile de modas o pasar toda una tarde en las tiendas probándose cuanto cosmético o ropa encuentren. De igual modo, o quizás más, disfrutan de un juego de béisbol de grandes ligas, ¡y si las vieran! Se conocen hasta el último detalle  el lenguaje “beisbolístico”. Así que en  mi familia, nunca nos hemos sentido en desventaja por el hecho de ser mujer. 

Sin embargo, estoy consciente que soy privilegiada porque esta no ha sido la realidad para la mayoría de las mujeres en el mundo. Debemos reconocer que muchos de los derechos de  los que hoy disfrutamos han sido producto de las luchas de miles de mujeres valientes precisamente para defender a aquellas discriminadas y maltratadas sencillamente por ser mujeres. 

Hasta hace poco a la mujer no se le permitían las mismas libertades o derechos que a los hombres. Por ejemplo, no podía votar, ni tener un puesto en el gobierno, ir  a la universidad o tener un empleo. Si estaba casada, no podía  hacer contratos legales, divorciarse de un esposo abusivo ni obtener la custodia de sus hijos. Lamentablemente aún sigue siendo así en muchas sociedades. Aún en la nuestra hay miles de mujeres que a diario viven la opresión y el discrimen. 

Hago referencia a esto para resaltar la importancia de lo que para muchos podría ser un evento sin trascendencia: la celebración el próximo 8 de marzo del Día Internacional de la Mujer, que comenzó a proclamarse en el 1910. Aunque nos sintamos ajenos a estos eventos históricos debemos recordar aquellos sucesos que dieron lugar a que se celebrara este día internacional. Y jamás olvidar.   

La construcción, la banca hipotecaria y los bienes raíces son industrias tradicionalente lideradas por hombres. Por lo tanto, hay que reconocer el mérito que tienen esas mujeres que han roto esquemas para abrirse paso y brillar en estas industrias. En la Isla hay cientos de ellas, muchas de las cuales laboran en el anonimato. Hoy como un sencillo homenaje a ellas les presentamos a cuatro mujeres que brillan con luz propia y que abren camino para que muchas otras puedan destacarse. Ellas nos permitieron entrar a ese espacio tan personal en el que laboran a diario para mostrarnos lo que allí tienen y las inspiran cada día.

 A ellas nuestro agradecimiento.