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Bilbao, una ciudad transformada

Por: Ileana López Avilés/ Especial para Construcción

Poseedora de una importante infraestructura de transportes que conecta con las principales capitales de Europa, Bilbao fue fundada en el año 1,300 como una ciudad dedicada al comercio marítimo. Hoy día, constituye un ejemplo increíble de lo que se puede lograr a partir de un desarrollo económico bien planificado, donde la arquitectura y el reconocimiento del paisaje, han sido el motor para lograr un cambio total de su economía y, por ende, recuperar su dinamismo a partir de una regeneración medioambiental y urbana.

Fue a partir de ese deseo de lograr un cambio radical, que Bilbao comenzó un intenso plan de reconversión, conocido como “Ría 2000”, donde los terrenos industriales colindantes al río Nervión fueron el objeto de una impresionante transformación espacial que ha sido premiada a nivel internacional y que ha logrado situar a Bilbao entre las ciudades más importantes y más visitadas de Europa.

No hay más que caminar a largo de la Ría, para lograr respirar lo que ahora se conoce como el “Nuevo Bilbao”, donde como informa su propio ayuntamiento, la capital del país vasco “ha ido mudando su piel industrial y rehabilitando zonas emblemáticas de la ciudad”.

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Apuesta a la arquitectura

El Museo Guggenheim Bilbao, una impresionante estructura recubierta de brillante titanio y diseñada por el afamado arquitecto Frank Gehry, es sin mayor discusión el punto focal de este renacimiento. El mismo ha contribuido como uno de los factores principales de esta regeneración al convertirse en el motor del profundo cambio que ha sufrido la ciudad, el cual se respira y se siente en el orgullo de sus habitantes.

Esta emblemática obra de arte es el imán que ahora atrae a cientos de miles de visitantes, tanto nacionales como internacionales, quienes quieren lograr tener un atisbo de esta colosal estructura, angulosa y “deshecha”, que alberga un impresionante museo de arte contemporáneo. Desde su inauguración en 1997, el museo recibe cerca de un millón de visitantes anuales, lo que ha causado un impacto impresionante en la economía y los habitantes de Bilbao. No solo ha impulsado el turismo hacia la capital y toda la región, sino que además con su creación, ha promovido la revitalización de múltiples espacios públicos y privados, mejorando sustancialmente la imagen de la ciudad.

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Las formas curvilíneas y “retorcidas” de esta obra maestra de la arquitectura moderna, construida de piedra caliza, cristal y planchas de titanio, las cuales provocan un interesante juego de luz y sombra según las baña la luz, alberga varias salas de exposiciones tanto permanente como itinerantes. Su diseño deconstructivista, tan popular en las obras de Gehry, alega no contar con una superficie plana en toda su estructura y visto desde el río aparenta, según su creador, “tener la forma de un barco rindiendo homenaje a la ciudad portuaria en la que se inscribe, mientras que sus paneles brillantes se asemejan a las escamas de un pez”.

Bilbao decidió apostar a la arquitectura para lograr la transformación de su entorno habitual por uno más pensado, más planificado y más verde, en el que además de la colosal obra Gehry se destacan otros proyectos estratégicos, como nuevos puentes, un metro, el aeropuerto y el tranvía. Toda esta nueva infraestructura, también diseñada por grandes nombres de la arquitectura mundial como Noman Foster (las entradas del metro) o Santiago Calatrava (el puente peatonal Zubizuri) constituyen una excelente red que conecta a Bilbao con el resto del país y del mundo. 

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Agua con agua

Fueron las intensas inundaciones que sufrió la ciudad en 1983, las que dieron pie para iniciar el camino hacia la creación del “Nuevo Bilbao”. Primero, se trabajó arduamente en la recuperación de su Casco Viejo, un espacio turístico de primer orden que conserva las tradiciones y señales de identidad de la ciudad, nutrido por museos, plazas, iglesias, bares y restaurantes.

Otro elemento importantísimo del renacer y transformación urbanística de la ciudad, fue la importancia que se le concedió al medio ambiente. Sobre todo, a la recuperación de las orillas de Río Nervión, que otrora mal oliente, siempre ha constituido el alma de Bilbao, “testigo mudo de su historia, eje de comunicación y comercio”. 

De hecho, según información del propio ayuntamiento de la ciudad, el costo de esta operación “ha sido de 800 millones de euros, unas seis veces mayor que la construcción del Museo Guggenheim”. Pero si algo resulta curioso, más aún para nosotros, es que el proyecto de transformación y limpieza de la Ría, fue financiado a través de un incremento en las tarifas por el consumo de agua de sus habitantes.

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Los saneamientos de estas aguas han permitido que Bilbao y sus habitantes puedan ahora vivir mirando a esta arteria fluvial y que los proyectos urbanos más importantes se hayan construido en sus márgenes, convirtiendo la Ría en uno de los espacios más sofisticados de Europa, donde se dan cita edificios y obras de los mejores arquitectos y artistas del mundo.

No hay más que caminar a su lado, para ver cómo tanto residentes como visitantes pueden disfrutar de espacios dirigidos al esparcimiento, desde parques pasivos, infantiles, ciclo-vías, y otros, que invitan a disfrutar de infinidad de actividades de ocio, deporte y cultura, así como compartir con la naturaleza.

Ría 2000, una transformación real

Dedicada al comercio marítimo desde su fundación hace ya varios siglos, Bilbao se dio a conocer durante los siglos XIX y XX por poseer una importante industria minera, siderúrgica y de construcción de barcos. Todas estas actividades se llevaban a cabo en las riberas del Nervión y condicionaron su desarrollo urbano. Sin embargo, con la crisis económica de los años 80 muchas de estas industrias tuvieron que cerrar sus puertas, lo que por otro lado abrió la oportunidad para recuperar muchos de los antiguos espacios industriales e incorporarlos al nuevo desarrollo urbano de la ciudad.