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Coleman Davis pasa revista a su trayectoria como arquitecto

Por: Militza Suárez Figueroa

“A ese edificio le falta un sombrero”, recuerda Coleman Davis oírle decir a su padre, el reconocido arquitecto HTC “Tom” Davis mientras transitaban por alguna calle en San Juan. Para entonces, José era apenas un pequeño, sin embargo, ya aprendía una lección que no necesariamente le darían en la escuela de arquitectura: abrir bien los ojos y observarlo todo.

"Desde temprano yo sabía quiénes habían sido los arquitectos de los edificios. Mi padre las 24 horas lo pensaba todo a través de la arquitectura y el diseño”, rememora el nuevo "fellow", uno de los 3,425 investidos desde la fundación de la AIA en 1857.

La relación con su progenitor evolucionó así en una de rango extraordinario; fue además su maestro, su mecenas y, luego de graduarse en 1974 de Tulane School of Architecture, su jefe.

"Empezamos solos, en una de esas crisis que ha tenido la arquitectura en Puerto Rico. Trabajar con él fue una escuela. Hicimos varias restauraciones buenas -no era cosa de restaurar un fósil”, dice el profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico.

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Esos trabajos de restauración y rehabilitación de edificios, primero con su padre y luego en su propia firma, han enriquecido la carrera que ahora la AIA exalta.

"Uno no debería tener reparo en mejorar un edificio sin desfigurarlo; lo respetas y le das nueva vida”, apunta sobre proyectos de este tipo que figuran en su resumé, como el del edificio Felipe Janer del recinto riopedrense de la UPR, el del Asilo de Beneficencia de San Juan o el de La Fortaleza.

El balance entre pasado y presente

Pero si bien ese reto de rehabilitar y hacer extensiones a edificios existentes le abrió un importante campo, Coleman-Davis Pagán, confiesa sentir otras pasiones que le brindan balance a su práctica.

"Con los edificios existentes tienes que dialogar. Pero, a mí me apasiona cuando empiezas de cero. No tienes excusa, porque ahí tú estás en control de todo”, dice.

De esos proyectos trabajados de la A a la Z tiene muchos y le han dado grandes satisfacciones. De sus favoritos más recientes: la galardonada Casa Mar del sector playero de Ocean Park (2011). En ese proyecto, donde invitó a participar al colega y escultor Jaime Suárez, Coleman-Davis logró que el cliente comulgara con sus intenciones de sacar el máximo partido a una ubicación privilegiada con las vistas al horizonte únicas.

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Quenepas en verano

En tiempos económicos tormentosos -literalmente- y en medio de la recuperación del País, vale preguntarle sobre el estado de la práctica de la Arquitectura hoy en la Isla.

"Hay grandes retos en esta crisis sin precedente, que no es solo económica, sino de falta de contratistas diestros; muchos de ellos se han ido y, por otro lado, están los costos exorbitantes de los materiales. El reto es buscar hacer un balance.

Estamos pasando por un maremoto de diferentes dificultades y muchos han perdido la esperanza, pero para mí es un privilegio vivir en Puerto Rico, aunque no todo es quenepas en verano. Me siento que soy parte de Puerto Rico y hacia el este del Caribe. Cuando tienes un horizonte, ves todo de otra manera”, dice.

Dos escalones más arriba

Coleman-Davis, quien trabajara codo a codo con el también "fellow" AIA, Osvaldo Toro, se confiesa un arquitecto afortunado.

"He tenido una suerte y una dicha, empecé dos escalones más allá”, esboza, para añadir que “todo arquitecto debería tener la suerte de tener un mentor y yo tuve dos; mi padre y Don Osvaldo. Trabajar con él me impactó, era intolerante con la mediocridad. Si había un arquitecto con pasión ese era él”.

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Y por su investidura como fellow, que se ratifica con una ceremonia el 22 de este mes en Nueva York, dice sentirse, sencillamente, contento.

"Que a mí me pongan en la misma oración que Jesús Amaral, Jorge Rigau, Fernando Abruña, Segundo Cardona, Beatriz Del Cueto, Jonathan Marvel… del grupo completo, yo estoy contento. Es un honor incalculable”, opina sobre pertenecer al selecto grupo de arquitectos del patio que han alcanzado antes ese mismo rango.

De cara al futuro, Coleman-Davis Pagán y la firma que lleva su nombre, tiene la agenda llena. Vuelven a trabajar en estructuras antiguas en el Viejo San Juan y tienen proyectos residenciales en Miramar y Ocean Park. En esa última localidad tendrá la oportunidad de trabajar en colaboración con el starchitect brasilero Marcio Kogan, de cuya arquitectura nuestro "fellow" se confiesa aficionado. 

Y por si fuera poco, tiene un proyecto en el Tribunal Supremo, el cual rehabilitó hace 25 años y ahora volverá a hacerlo tras los estragos del huracán María.

"Ese era el edificio favorito de Don Osvaldo. Yo considero que es el edificio más modernista más importante de la arquitectura puertorriqueña. Es esencial y espiritual y cada vez que entro allí es un gozo”.