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Cuando se acabe el fresco...

Por: Dr. Fernando Abruña Charneco

La discusión pública sobre el cambio climático a todos los niveles progresa y se acentúa según los modelos que se utilizan para predecir el futuro, se afinan. El resultado de mejores tecnologías computacionales y algoritmos inteligentes apuntan a la terrible realidad de que el cambio está ocurriendo a una velocidad mayor que la predicha por modelos anteriores.

El calentamiento global se acelera. Ya experimentamos temperaturas que retan y, con bastante frecuencia, rompen los récords del pasado. Entre los conocedores del tema del diseño pasivo en la arquitectura (con modestia me incluyo entre ellos) se discute el futuro de estrategias como la ventilación natural para manejar “el fresco” en espacios interiores y en sombra para lograr condiciones de confort sin recurrir a equipos mecánicos. 

¿Por qué es esta discusión importante?  

En la medida que la temperatura del aire de ambiente aumenta, se reduce la posibilidad de usar las brisas naturales como estrategia pasiva para mitigar el calor en espacios interiores. 

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Algunos podrán pensar: “el problema se resuelve con facilidad utilizando acondicionadores de aire para refrescar y/o enfriar el ambiente interior”. El problema estriba en que, el fresco del acondicionador resulta muy caro, energética y ambientalmente hablando. 

Hasta hace poco, la tecnología de acondicionadores de aire utilizaba comúnmente gases refrigerantes (fluorocarbonos y clorofluorocarbonos) que, aunque eficaces, destruyen la capa de ozono que nos protege de los efectos nocivos de la radiación solar. Estos gases se están eliminando y sustituyendo por otros menos dañinos. La dificultad -y el riesgo- es que, aunque los nuevos no dañan la capa de ozono, aportan a la generación de dióxido de carbono, uno de los gases importantes que ocasiona el cambio climático. Es decir, no importa el gas que utilicemos, le haremos daño al ambiente. Con el uso más intenso de los acondicionadores de aire (proyectado por los incrementos en temperatura), aumentaremos las emisiones de CO2 o aumentaremos el daño a la capa de ozono. Ambos escenarios son destructivos.  

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Hasta que no encontremos una tecnología segura para sustituir los gases refrigerantes de nuestros acondicionadores, seguiremos en ruta a nuestra propia destrucción. Por esta razón es importante -ahora más que nunca- que aceleremos la siembra de árboles (especialmente en ambientes urbanos) para reducir la temperatura del ambiente exterior. La cuota para cada residente de nuestra Isla es de 800 árboles (según argumentado en una columna pasada). 

Si no tienes el tiempo, la energía o la disposición, el programa Para La Naturaleza del Fideicomiso de Conservación de Pueto Rico, ha iniciado un sistema participativo de reforestación que te permite hacer un donativo para que la organización se encargue de sembrar por ti. 

El autor es arquitecto practicante, catedrático retirado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico, “fellow” del American Institute of Architects, fundador y pasado presidente del US Green Building Council del Caribe y la autoridad reconocida sobre el tema en Puerto Rico.