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Dialogando Verde: La naturaleza no tiene departamentos de física ni química

Por: Dr. Fernando Abruña Charneco, FAIA/ dialogandoverde@gmail.com
Dr. Fernando Abruña Charneco. (Suministrada)

Por décadas, urbanistas, planificadores, arquitectos e ingenieros en y fuera del país han abogado por la densificación de la ciudad como una opción sostenible para el desarrollo y operación saludable de la misma. 

La ciudad sostenible se caracteriza por centros urbanos, en donde los edificios crecen verticalmente, las distancias favorecen al peatón, la vivienda en condominios multipisos prolifera, y donde existe una diversidad de actividades, comercio y poblaciones que fomentan la interacción entre todos en un ambiente autocontrolado.

En contraposición a este modelo, se encuentran los suburbios que han caracterizado nuestro desarrollo durante las pasadas seis décadas y que en consenso no se consideran sostenibles. Estos son lugares, donde la urbanización del suelo es desparramada; no vertical. Aquí las actividades se segregan según su función; así entonces, veremos áreas dedicadas a la vivienda (principalmente unifamiliar), la recreación, al desarrollo de centros comerciales y así por el estilo. En estos lugares las instalaciones quedan separadas por distancias que desalientan el caminar y tientan al uso del vehículo para la movilidad.

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Conviene cuestionarnos estos escenarios. Habrá notado, entre las actividades comunes de ambas tipologías de desarrollo, la ausencia de la agricultura, la manufactura, la producción, la generación de energía y la administración del recurso de agua. Aún en centros urbanos densificados no vemos la integración de estas actividades. No tenemos centrales de generación eléctrica en la ciudad porque dependemos de la quema de combustibles contaminantes que no permiten esa integración. 

Tampoco tenemos un embalse en el corazón de la ciudad porque su tamaño no lo permitiría. Tampoco cultivamos la tierra porque no la tenemos en la ciudad y la fabricación de productos la relegamos a parques industriales. Es aquí donde podemos matrimoniar el título de esta columna con la ciudad verdaderamente sostenible. La naturaleza no tiene departamentos de física, química, matemáticas ni biología (entre otros). 

Somos nosotros, los seres humanos, quienes segregamos la naturaleza en estos compartimientos de conocimiento para poder estudiarlos y analizarlos. De la misma manera la ciudad sostenible no deberá tener parceladas sus funciones. 

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Es decir, debemos utilizar el modelo mismo de la naturaleza, que integra todo, al modelo de la ciudad. Bajo este supuesto, la ciudad debe ser una en donde la generación de energía, la administración del recurso agua, la agricultura, el tratamiento de recursos (¡qué catalogamos como basura!) y la producción de bienes puedan formar parte integral de la misma. 

En este escenario, la generación distribuida de electricidad con sistemas fotovoltaicos, la cosecha de aguas de lluvia y la agricultura pueden atenderse en los techos de los edificios (la fachada más importante de estos y la menos atendida). 

La disposición y tratamiento de desperdicios sólidos (y líquidos) puede ser atendida mediante el uso de tecnologías de composta urbana, generación cero de basura, reducción en el consumo, el reuso y el reciclaje. La producción de bienes con tecnologías compactas y digitales puede comenzar a atender las necesidades industriales en la ciudad.

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¿Se aventura algún desarrollador a tratar este modelo de ciudad en Puerto Rico? Arquitectos, ingenieros, planificadores, realtors, tasadores y economistas con talento para diseñarla, ¡los tenemos!

Saludos sostenibles.

El autor es arquitecto practicante, catedrático retirado de la Escuela de Arquitectura de la UPR, Fellow del American Institute of Architects, fundador y pasado presidente del US Green Building Council del Caribe y la autoridad reconocida sobre el tema en Puerto Rico.