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El aroma de biblioteca está “in”

Por: Sue Muñoz

Química, papel y tinta. Esa es la seductora alquimia que enlaza nuestros recuerdos con las historias que leemos. Es, con toda probabilidad, una de las grandes ventajas de la industria del libro frente al “e-book”, porque una pantalla no huele -al menos por ahora- como un libro viejo.

Y eso también lo saben los fabricantes de productos aromatizantes para la casa. Que esa cálida combinación de celulosa y lignina que se encuentra en la composición del papel que se utiliza para imprimir libros y revistas, que con la oxidación se descompone en una serie de ácidos que a su vez contribuyen a la degradación de la celulosa, producen un aroma difícil de describir pero fácil de reconocer, que se ha puesto de moda. Muy especialmente entre los maniáticos de los aromas y los “ratones de biblioteca”.

Al olor de la lignina -prima hermana de la vainilla y el polímero más abundante en el mundo vegetal- se suman los matices de los compuestos químicos empleados en la confección de la obra. Desde el pegamento hasta la tinta. 

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Y como los libros están hechos en su mayoría de elementos orgánicos, reaccionan al medioambiente: el calor, la humedad, el contacto entre unos y otros y con las personas que los leen.

Por ejemplo, la casa de perfurmería de nicho Byredo, cuyo aroma más popular en la categoría de velas es Bibliothèque (que traducido al español significa biblioteca), lanzó recientemente un “eau de parfum” de edición limitada para hombres y mujeres con el mismo olor. ¿De qué consta? Las notas de cabeza son de melocotón y ciruelo, su corazón es de violeta y peonía y las notas de fondo se componen de pachulí, cuero y vainilla. Así que ya es posible oler a biblioteca andante, tanto como que las estancias de tu hogar queden impregnadas del olor de libreros de madera y una atmósfera intelectual.