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El impacto de María en los bienes raíces

Por: Roberto Carrasquillo Ríos

Tras el paso del huracán María, la industria de los bienes raíces -igual que otros sectores- tendrá la oportunidad y la obligación de reenfocarse. Esto quiere decir que, como parte de la recuperación del País, la necesidad de vivienda será eje central de un nuevo desarrollo. 

Cómo y cuándo ese desarrollo podría surgir, al momento será muy prematuro señalarlo, pero debe ser a la brevedad posible. Así evitaremos un éxodo masivo de personas, lo que causará el agravamiento de la crisis humanitaria por falta de un techo seguro. Pero lo que sí podemos hacer ahora es preparar la industria para, de alguna manera, poder asistir a nuevos vendedores y compradores en un proceso de recuperación donde estos puedan estar debidamente orientados.

Dentro del proceso de recuperación, el campo hipotecario y de corretaje de vivienda necesitan ser incentivados. 

De esta manera se tendrían los elementos necesarios para poder ofrecerles herramientas a personas que necesiten comprar, alquilar o reparar su vivienda, luego de los huracanes Irma y María. De igual forma, habría que estimular la construcción de vivienda asequible que venga a suplir la demanda de aquellos compradores que ahora necesiten un techo seguro para sus familias. 

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Hoy más que nunca hay que estimular a que nuestras familias de clase media y media baja aspiren a tener un techo digno; donde la “casa segura” deje de ser una consigna para convertir la misma en una realidad. La Asamblea Legislativa debería auscultar alternativas para ese propósito. Nuestros líderes legislativos tienen el reto de ver cómo se descarta la construcción de la vivienda informal en Puerto Rico. 

La respuesta a ese escenario -prospectivamente- debería ser desincentivar la construcción clandestina penalizando la misma; mientras que por otro lado se incentiva la construcción de vivienda asequible bajo los códigos de la ingeniería moderna del siglo 21. Ese balance hoy resulta ser de rigor. El estado tiene y ha tenido siempre las herramientas para actuar. 

Por permanecer sin hacer nada, como ha sucedido en los últimos 40 años, es que hoy el País paga las consecuencias. Esa debe ser la gran lección luego de los huracanes Irma y María, cruzarnos de brazo o ponerle un parcho al dilema de la construcción ilegal en Puerto Rico no debería ser opción luego del pasado 20 de septiembre.

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Crear incentivos para el desarrollo y repoblación de los cascos urbanos también es un proyecto alternativo que a corto y mediano plazo le rendirá dividendos al País. Esto porque los cascos urbanos son áreas de fácil localización, además de que en términos prácticos se prestan para el desarrollo de viviendas asequibles.

De igual forma, será indispensable que los agentes de bienes raíces estén prestos a dar asesoramiento adecuado a sus clientes, vendedores y compradores, así como aquellos damnificados que necesiten orientación sobre alternativas y ayudas para alojarse en un techo seguro.

Habrá situaciones donde, debido a los eventos atmosféricos, un comprador haya visto afectado algunos aspectos de su precualificación para obtener un financiamiento. Es nuestra función como agentes de bienes raíces identificar esos aspectos que podrían limitar o imposibilitar obtener un préstamo hipotecario para asistir a los compradores sobre cómo se podría superar esos elementos limitantes. De esta manera podríamos ayudar a viabilizar futuras transacciones y por ende, algunos negocios que bien necesita nuestra economía. La industria y el momento no esperan menos de sus agentes de bienes raíces, lo que sería nuestro aporte a la recuperación del País que todos anhelamos.

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