Noticias - Opinion

¿Esta casa aguantará?

Por: Arq. Pilarín Ferrer

Siempre comienzo mi clase de Materiales y Métodos de Construcción con la frase “la buena arquitectura no depende del material, depende del buen diseño y construcción”. 

Los ciclones de manera contundente nos dejan saber lo que se construyó mal y las decisiones erradas en la siembra de árboles. También nos recuerdan la lección de que no se puede construir en zona inundable, en terrenos inestables, dentro o cerca de cauces de ríos o en la zona marítima-terrestre. 

Construcciones de integridad estructural cuestionable, que ignoran códigos, reglamentos de construcción o zonificación, de deficiente fabricación no van a resistir un ni ciclón o sismo de moderado. No importa de qué material esté hecha una estructura; la construcción improvisada o defectuosa pone en riesgo la vida del usuario, de sus vecinos, la integridad de estructuras aledañas, produciendo peligrosos escombros y basura en exceso.

Una estructura construida con la madera apropiada, el zinc del calibre (gauge) adecuado, diseñada incorporando los códigos aplicables, construida correctamente, con los anclajes y conexiones pertinentes, en un solar apropiado, no tiene por qué ser insegura. Intacto después de María se observa el Parque de Bombas de Ponce, de antes del 1883, estructura de madera y zinc, quien con gallardía ha enfrentado múltiples embates climatológicos, saliendo airoso. 

SI TE INTERESA: El impacto de María en los bienes raíces

La devastación después de María, pone en evidencia la cantidad enorme de estructuras que no resistieron, posiblemente porque ignoraron códigos, reglamentos y zonificación, en evidente violación de ordenanzas y reglamentos.  

Vimos convertirse en ruina edificaciones que aparentemente no fueron el producto del trabajo de profesionales del diseño, arquitectos o ingenieros, como igualmente vimos a otras salir ilesas, haciendo bien lo que tenían que hacer durante el ciclón; la arquitectura responsable no falló. Falló el que escogió prescindir de esta.

Si bien es cierto que los códigos se revisan después de toda catástrofe, pierden toda relevancia si no se respetan o se hacen valer. Si se continúa creyendo que estos no son importantes, y se vuelve a construir sin respetarlos, ahora en hormigón y bloques de concreto, creyendo equívocamente, que es el material lo que va a garantizar la resistencia de la estructura, la historia se repetirá nuevamente pero ahora en cemento y varilla.

SI TE INTERESA: Revolución renovable

Es una irresponsabilidad ciudadana construir sin tener en cuenta el impacto que nuestras decisiones pueden tener sobre nuestros compatriotas, comunidad, ciudad y país; no sólo porque se pone en riesgo la salud, bienestar y seguridad de todos, pero por el impacto negativo que estas tienen sobre el bienestar común, espacio público, tejido urbano y paisaje natural.  

Es menester hacer el máximo para que cuando ocurra un evento climatológico adverso, nuestras intervenciones sean capaces de enfrentarlo y dentro de lo posible sufran un mínimo de daños.

Enfrentados con la eventualidad de una emergencia climatológica, nadie se debe tener que preguntarse; “esta casa aguantará?” Nuestra vivienda tiene que ser antes que nada un refugio, un fortín estructuralmente seguro, que debe seguir funcionando adecuadamente dentro de lo posible, después de una emergencia con relativa normalidad.    

Toda estructura  será tan fuerte como su punto más débil:llámese techos, columnas, vigas, infraestructura, zapata, ventanas o puertas, entre otros. De nada vale tener las mejores puertas o ventanas del mercado si no están bien ancladas, si los cristales o calibre del metal no son los adecuados y las cerraduras/pestillos son defectuosos, peor aún, si la estructura donde están instalados, no es de sólida construcción. Igualmente, las instalaciones eléctricas, de plomería y gas están regidas por códigos y reglamentos. No observarlos con la rigurosidad que le merece, podría tener consecuencias fatales.

SI TE INTERESA: “Networking” es la base de cualquier negocio

Como en toda situación de emergencia, luego de pasa hay que resolver la inmediatez. Llo que no podemos permitirnos, es que el remiendo temporero se convierta en remedio permanente. Ahora Puerto Rico tiene la oportunidad de reconstruir y seguir las directrices de los profesionales del diseño, para arreglar entuertos y hacer bien lo que estuvo mal hecho desde su inicio, que tenga su licencia vigente y colegiación al día.

La experiencia de pasar por una situación crítica pierde todo valor si de ella no aprendemos. 

Habrá que tomar decisiones difíciles, muchas políticamente antipáticas. No más visto bueno a invasiones en terrenos que ponen en peligro vidas, habrá que reubicar comunidades enteras, por haberse asentado en  zonas inundables, en terrenos inestables, dentro de la zona marítima-terrestre o muy cerca de los cauces de ríos. 

No más conexiones de agua o luz a estructuras que se sabe son de frágil construcción, que ponen en riesgo la vida de los habitantes. Hay que aprender de una vez y para siempre, qué tipo de árboles no se pueden sembrar en los patios de las casas, al igual que entender que no se puede seguir sembrando árboles cerca o debajo del tendido eléctrico, para luego pedirle al gobierno que venga a podarlos. 

SI TE INTERESA: El divorcio en los bienes raíces

Trabajemos todos, convencidos de que la reconstrucción correcta de nuestro Puerto Rico no es negociable, con la meta de que nadie se tenga jamás que volver a preguntarse: ¿esta casa aguantará?

Para comunicarte con la Arq. Pilarín Ferrer, escribe a Pilarin_ferrer@pucpr.edu.