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“La arquitectura es mi pasión”

Por: Jomar José Rivera Cedeño/ jomar.rivera@gfrmedia.com
Arq. Héctor Ruiz Velázquez

Cataloga la arquitectura como una de las disciplinas inherentes a la humanidad, más próximo a su sentir y a su existir y está convencido de que, al igual que otras materias y ciencias, nace espontáneamente como respuesta a las muchas necesidades que tiene el ser humano a lo largo y ancho de su evolución. 

Para el arquitecto puertorriqueño Héctor Ruiz Velázquez, “la arquitectura se convierte en una compleja forma de expresión plástica que modela su creatividad y también su ego. Por la importancia constructiva de su papel en nuestra sociedad, el arte de la edificación conforma nuestra unidad básica de convivencia, el lugar donde habitamos, compartimos o disfrutamos en público y adquiere un protagonismo que muestra otras cosas del carácter humano, más allá de su propio significado”. 

Pero “en la construcción de hábitats o viviendas, muchas veces el sector está gestionado por otras disciplinas como la economía que polariza el mercado y básicamente toda nuestra sociedad”, afirma Ruiz, quien radica en Madrid desde 1992. 

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El proyectista, graduado de maestría en Arquitectura por la Universidad de Virginia y quien cursó estudios de proyectos en las universidades de Harvard, Columbia, Politécnica de Madrid y en la academia de Andrea Paladio Vicenza en Italia, dice que la arquitectura es a donde su pensamiento vuela buscando nuevos horizontes y es esa misma pasión la que hace que sus obras sean diferentes, buscando sorprenderse a sí mismo, y luego a los demás. “Mi trabajo, aunque suene intenso -porque lo es- es mi vida. Por ende, no me impide vivirla. Hay personas cuyo sistema sensorial capta y atrae hacia ellos todos los estímulos que los envuelven. A mí me sucede exactamente lo mismo. Y la respuesta a esa información que obtengo del mundo exterior se materializa constructivamente en formas y espacios. Me interesa extremadamente la especialidad corpórea del lugar que ocupamos, implica un reto modelar con la creatividad, planos, perspectivas, volúmenes y dimensiones”, manifiesta. Según Ruíz, se adentró a la industria de la arquitectura por pasión y agradece a sus padres por haber sido “intuitivos” con él. “Con mucha paciencia y observación me ayudaron a llegar a donde estoy. Fue un ‘primer flechazo’ con la disciplina. Todo lo demás vino muy rápido. De la universidad a los ‘masters’ y de ahí a nuevos países, hasta hoy”, relata. 

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Trabajos más destacados 

Aunque construir la casa de su familia representó uno de sus mayores retos, donde confluyeron todo tipo de emociones, su carrera, su amor por los suyos y su primera paternidad, lo llevaron a crear un espacio que casi se puede obviar del edificio y del lugar donde se ubica. Como una isla dentro de la ciudad. Es, además, un espacio lleno de curvas que distribuyen estancias de forma continua, sin enmarcar. Fluyendo desde muchos ángulos de visión que dejan de convertir un pasillo en un tubo para transformarse en una experiencia habitable totalmente nueva. 

“Recientemente estoy muy vinculado a las marcas. Y en ese sentido, por ejemplo, el Proyecto Ford, implicaba un nuevo reto. Al mismo tiempo tenía que tener en cuenta los recursos y las necesidades técnicas de la comercialización de vehículos. Todos esos ingredientes han convertido esta última creación en un nuevo paradigma comercial donde usuarios y productos pueden unirse y vivir experiencias de marca totalmente innovadoras, sin límites de espacio, ni de creatividad. Es un ‘performance’ comercial donde he roto espacialmente más barreras que ha tenido especial éxito y fue ganador del premio de Diseño del Año, otorgado en el Museo Reina Sophia”, agrega. 

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Entre otros trabajos, Ruiz admite que el proyecto Origami en Barcelona de Whirpool también supuso un momento muy especial de ejercicio arquitectónico, como el espacio en la Feria de Valencia donde las formas curvas invadieron un pabellón de energía constructiva innovadora. 

¿Cómo comparas la arquitectura puertorriqueña con la de Madrid?

“Son mundos muy diferentes y no diré totalmente porque el factor globalización es algo a tener en cuenta en cualquier disciplina. Pero hay factores tan esenciales como la cultura, la historia, la tradición o el clima que es imposible que no afecte la manera de hacer cualquier cosa, también el carácter isleño es un tema aparte en cualquier lugar del mundo. En términos de arquitectura pública, sí veo la diferencia de que acá se valora mucho el diseño urbanístico para hacer ciudades mucho más humanas y menos para el uso de la máquina”, revela.

Asimismo, Ruiz dice que falta una arquitectura que dialogue con nuestra cultura y con el bellísimo entorno natural de nuestro País y reflexiona en que la distancia le permite observar desde otra perspectiva la arquitectura de su isla, percibir las influencias históricas de una forma de vida muy cercana a la cultura anglosajona que empapa el estilo y la arquitectura puertorriqueña. 

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Al momento, se encuentra trabajando en diferentes proyectos comerciales, direcciones artísticas, diseños industriales y creando nuevas marcas en Europa y Oriente Medio.