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Más allá de los códigos de construcción

Por: Dr. Fernando Abruña Charneco, FAIA/ dialogandoverde@gmail.com

Ya ha pasado suficiente tiempo para haber madurado una postura inteligente sobre cómo debemos prepararnos para un próximo evento catastrófico como el huracán María.  

En la palestra pública se discute actualmente la revisión de los Códigos de Construcción. Esta discusión se centra en aumentar (para efectos de diseño), la velocidad del viento que deben resistir los edificios. Ilustramos en la tabla adjunta la relación de los diferentes códigos de referencia que se utilizan para tomar estas decisiones en una Zona III de exposición. La primera columna corresponde al American Society of Civil Engineers, la segunda al International Residential Code y la tercera al International Building Code. Estos son los estándares que se utilizan en Puerto Rico.

Según avanzamos en el tiempo y los efectos del cambio climático se hacen notar más, parecería que la velocidad a resistir irá en aumento según se revisen los códigos de construcción. La vivienda de madera tal vez sea uno de los renglones de la industria de la construcción que más se verá afectada por estos cambios. Como lector, ¿te parece razonable luego del ataque aéreo en el World Trade Center requerir que todos los rascacielos sean diseñados a prueba de estos tipos de ataques? ¿Crees que luego del paso del huracán María las viviendas tienen que ser diseñadas para resistir vientos con velocidades de 200 millas por hora?

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La ingeniería existe para resolver problemas y este es uno que, sin lugar a dudas, puede resolverse. Debemos preguntarnos, sin embargo, si es viable económicamente diseñar viviendas de madera resistentes a 200 millas por hora. ¿A 250 millas por hora? ¿Qué tal a 300 millas por hora? De requerirse, ¿no les parece que el código podría convertirse en un instrumento discriminatorio contra las clases más humildes de nuestra sociedad, que contrario a las más acomodadas, no podrán sufragar los costos adicionales que este requisito supondría? 

La mayoría de las viviendas de madera que perdieron sus techos o fueron destruidas por el huracán María no cumplían con el actual código porque probablemente sus dueños no tenían los recursos económicos: primero, para contratar un profesional licenciado para su diseño y segundo, porque su presupuesto para la construcción de su vivienda era muy limitado.

El resultado neto de un código de construcción más estricto con relación a su resistencia contra vientos huracanados supondrá un distanciamiento mayor al ya existente, entre las viviendas de las diferentes clases socioeconómicas.

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Entonces, ¿cuál es la solución? No la conozco, pero sí sé que la discusión debe ser más profunda porque el problema es mucho más complejo de lo que a primera vista parece. Un Código de Construcción más estricto no es necesariamente la solución, especialmente si no se puede hacer cumplir, y si se hiciera cumplir tampoco permitiría a las clases más pobres procurarse una vivienda.

El autor es arquitecto practicante, catedrático retirado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico, “fellow” del American Institute of Architects, fundador y pasado presidente del US Green Building Council del Caribe y la autoridad reconocida sobre el tema en Puerto Rico.