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Palacio de Santa Catalina recobra su esplendor

Por: Ileana López Avilés/ Especial para Construcción

Construida en 1533, el Palacio de Santa Catalina, o La Fortaleza, ha soportado de todo durante varios siglos. Además de la importancia de su patrimonio histórico, las torres de su fuerte original, producto del medioevo tardío, y su expansión de 1845, a lo que todos conocemos como el “palacio”, es símbolo de una lucha de una sociedad por afirmarse y prevalecer.

La responsabilidad de recuperar y mantener el Palacio de Santa Catalina para las próximas generaciones de puertorriqueños es vital, más aún cuando el mismo forma parte de los lugares designados por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.  

Entre el  2013 y el 2015, el Palacio de Santa Catalina, fue objeto de un gran esfuerzo de rescate patrimonial,  a cargo de la Oficina Estatal de Conservación Histórica del ELA. El trabajo incluyó desde el cambio de color de la fachada principal hasta  la restauración de la Escalera de Estado y sus ventanas, cuidando que no se perdiera el valor histórico y arquitectónico. 

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Según la publicación oficial “Palacio de Santa Catalina: recuperación del patrimonio”, lo más difícil de esta  intervención fue el hecho de que no existía información directa sobre el proyecto arquitectónico y ornamental de 1845 relativos a La Fortaleza, por lo que fue pertinente establecer una metodología para la investigación del inmueble que garantizara su correcta intervención.

Según la arquitecta Nydia Préstamo Torres, oficial estatal alterna de la Oficina Estatal de Conservación Histórica, en ello fueron importantes los esfuerzos e intervenciones de diversos grupos de profesionales, quienes establecieron un minucioso proceso investigativo y determinaron los métodos de recuperación a ser utilizados. Entre los grupos de trabajo, participó en una primera etapa el programa de Conservación de la Universidad Politécnica de Puerto Rico, que  tuvo a su cargo la investigación de los esquemas de colores históricos en la superficie de la Escalera de Estado.

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Mientras, la recuperación arquitectónica del inmueble y la dirección de las obras de conservación estuvo a cargo del arquitecto Pablo Ojeda, quien realizó un amplio estudio de diagnóstico y reconocimiento, que incluyó la recopilación de documentos de archivo y estudios de intervenciones precedentes para establecer la metodología a utilizarse. Esta metodología pretendía confirmar las descripciones históricas y correspondientes a las crónicas del momento de la construcción.

Renace la escalera

A lo largo de sus casi 200 años de historia, la Escalera de Estado del Palacio de Santa Catalina, ha sido testigo de importantes acontecimientos históricos. Ésta fue objeto recientemente de una meticulosa restauración.

Construida en 1845 como parte de los planes de expansión del   teniente coronel Santiago Cortijo, la Escalera de Estado constituía parte de su propuesta para darle un estilo clásico palaciego a lo que hasta entonces había sido La Fortaleza. 

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Desde su construcción, este espacio regido por una gran cúpula, llamó la atención del San Juan de su tiempo por su esquema ornamental, que incluía trabajos en bajo relieve y pan de oro, trofeos y cariátides, además de una fuerte pigmentación en sus paredes.

Enfrentada a través de los años al deterioro natural del tiempo, la Escalera de Estado fue presa de la peor de las intervenciones,  producto del desconocimiento, cuando fue pintada innumerables veces con gruesas capas de pintura regular, alterando su colorido y belleza original. 

El concepto que rigió la intervención de la Escalera de Estado, a cargo del arquitecto Ojeda, estaba centrado en devolverle su apariencia original a este  espacio.

Por su parte, el arquitecto Santiago Gala, de la Oficina Estatal de Conservación Histórica, a cargo de la supervisión de gran parte del proyecto, explica que para ello “se implementaron procedimientos y estrategias de recuperación patrimonial que hicieron posible la   remoción de las alteraciones, así como se trabajó en el decapado sistemático de la superficie de escalera para remover docenas de capas de pintura no históricas, realizada a través de los años. Este trabajo logró la recuperación de las primeras pigmentaciones de ornamentos, trofeos militares, escudos y otros detalles arquitectónicos, que engalanan este espacio”. 

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Abundó Gala que, al diseñar la escalera en 1845, el teniente coronel Santiago Cortijo pretendía otorgarle a la expansión de lo que hasta entonces había sido La Fortaleza, un esquema clásico de un palacio, de fuerte carácter decimonónico. 

El arquitecto Ojeda, junto a un grupo de estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de Puerto Rico, y de las Escuelas de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico y la Universidad Politécnica, tuvo a cargo el proyecto.

Según Ojeda, antes de comenzar los trabajos en la Escalera de Estado, ya existía un proyecto académico de carácter investigativo que habían realizado los estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica, el cual sirvió de diagnóstico de las deplorables condiciones en las que se encontraba la estructura. 

Recuerda el arquitecto  que “parte de los esfuerzos que llevamos a cabo fue tratar de encontrar el máximo de información sobre este espacio, porque había muchísimas versiones de cómo era la escalera, y hasta encontramos unas crónicas de su tiempo, de 1846, que narraban cómo había quedado. Teníamos una actitud golosa para encontrar qué era lo que pasaba aquí”.

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Explica Ojeda que, a partir de la invasión estadounidense de 1898, era práctica de los norteamericanos pintar todo de blanco. 

“Un poco para borrar las cosas... Ya la escalera había sido víctima de la pintura, pero cuando ellos llegaron fue cubierta con una capa blanca de pintura ordinaria a base de cal. Sin embargo, se le quedaron algunos detalles de pan de oro expuesto que, junto a unas fotos de 1930, nos sirvió de punto de partida para saber de su existencia”. Así Ojeda, junto a su equipo, se dio a la tarea de remover la treintena de capas de pintura, lo que les permitió ver los “sucesivos colores que tuvo este espacio a través del tiempo, con fondos que van del amarillo, al gris y al azul. Queríamos llegar a la capa  original del 1845, para conocer su verdadero cromatismo”.

Ojeda decidió primero atacar la cúpula, que cuenta con varios trofeos militares, algunos correspondientes a los regimientos destacados en San Juan en aquella época y otros tradicionales, clásico grecorromano. “A medida que avanzábamos en el proceso de decapado, se confirmaban las descripciones de la época en torno a la riqueza de la policromía de los trofeos y escudos militares. Entonces, se procedió a consolidar la pigmentación original encontrada, y se optó por un tratamiento museológico de aplicación de veladuras que consolidaría el aspecto estético de las piezas y a la vez se diferenciaría de las áreas originales de pigmentación”.

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Señala Ojeda que Santiago Cortijo era un personaje interesante. Su bagaje europeo, alimentado por cosas que había visto y las corrientes estéticas de su momento, recurre a grandes contrastes tanto en el tratamiento como en el uso de pigmentos al diseñar la escalera. El reinado de Isabel II, en la España del siglo XIX, coincide con el llamado estilo Victoriano. Este estilo de carácter ecléctico utilizaba diversas referencias estilísticas que, combinadas, producían un efecto exótico y novel. La Escalera de Estado del Palacio de Santa Catalina resume de manera excepcional este estilo decimonónico.  

Añadió Ojeda, que “cuando se quitó toda la pintura, pensamos dejarla tal y como la habíamos encontrado, pero había que consolidar lo que había para que no se deteriorara más. Desde abajo, hasta lo más alto de la cúpula que son treinta y picos de pies, puedes ver una textura en los colores, si uno se acerca, se va a ver lo que nosotros restauramos de lo que es original”.

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“Tuvimos que entrar en un proceso de educación, porque se quería todo como nuevo, pero la Administración acogió bien el concepto y la metodología que establecimos”, apuntó la arquitecta  Préstamo Torres, quien agregó que “fue una fortuna que la Administración de La Fortaleza accediera a que hiciéramos todos al estilo antiguo, lo que incluyó buscar pigmentos y mezclar nuestras propias pinturas, así como la utilización de técnicas tradicionales para la reparación y reproducción de nuevos ornamentos". El descubrimiento del azul de la cúpula fue quizá  la mayor de las sorpresas, donde se utilizó oro de 23 quilates para restaurar el pan de oro original, bajo una técnica de aplicación tradicional. 

Tras concluir el trabajo, “hemos dejado un récord en un documento sobre cuáles son las fórmulas exactas de cada uno de los colores que se utilizaron aquí, localidad de los pigmentos, las técnicas de aplicado, las distintas capas que hay que poner encima, entre otros detalles”, puntualizó Ojeda.

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La fachada cambia su color

En algunas partes del Palacio la pintura y el empañetado se fueron desprendiendo. Mientras que se descubrió que durante “varias intervenciones se ocultaron ventanas, nichos y otros elementos decorativos, que se fueron revelando cuando se removió la pintura como parte del proceso de conservación. Por ejemplo, en la fachada de las torres aparecieron huellas de tres huecos que fueron cubiertos en diferentes épocas”, dijo Préstamo.

Se entiende que la superficie de las paredes del fuerte original del siglo XIV, con sus dos torres, tenían aspecto de mampostería rústica. Luego recibieron un baño de cal y más tarde recibieron pigmentación. Con el tiempo todo el Palacio de Santa Catalina se pintó con pintura acrílica común, que afectó el interior de las paredes, ya que no permite que el ladrillo respire.

Al decapar el edificio, se encontró una leve capa de color blanco cremoso justo después de la terminación del encalado. “La Oficina Estatal de Conservación Histórica determinó que se debía replicar este color para los muros que datan del siglo XVI, para así poder distinguir y resaltar en que consistía La Fortaleza original”, señala Préstamo.

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En la decisión también intervino la Universidad Politécnica que tomó y analizó la muestra de pintura para  producir un esquema de colores similar al del teniente coronel Santiago Cortijo  en 1845 y así poder diferenciarlo de la estructura del siglo XVI. Por ello, aquel que visite este monumento podrá apreciar un color para la fachada que da hacia la calle Fortaleza, y otro para la estructura medieval, y así contemplar  el desarrollo histórico del lugar.

De Puertas y Ventanas 

El efecto de la lluvia y el salitre también fue nefasto sobre los cientos de puertas y ventanas del Palacio de Santa Catalina. La madera afectada creó un ambiente perfecto para el desarrollo de comején, mientras que una gran cantidad de herrajes requerían restauración, así como algunas puertas y ventanas necesitan ser reemplazadas.  

Para iniciar el proceso de reparación de las puertas y ventanas históricas, se solicitó en el 2012 un fondo a través de Hazard Mitigation Grant Program de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), para  que estas fueran resistentes a huracanes.

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En este proyecto trabajó el arquitecto  José Coleman-Davis, quien  se dedicó a evaluar las condiciones, los materiales de cada puerta y ventana, y delineó las especificaciones para que estas pudieran resistir vientos huracanados. En algunos casos, recomendó la instalación de tormenteras con doble cristal laminado que no intervinieran con el carácter histórico de la estructura. En algunas áreas se encontró plomo, lo cual se mitigó siguiendo los procesos reglamentados por la JCA.

Lo más trabajoso fue hacer el inventario, ya que según Coleman-Davis, en el Palacio existen más de 50 tipos diferentes. “Todas son distintas, unas con celosías, otras no, unas pequeñas, otras enormes. En esa investigación me encontré con elementos cuyos nombres no habíamos escuchado antes, porque no son comunes en la construcción de ventanas. Pero lo importante era lograr que el proceso fuera cuidadoso y rápido, siempre respondiendo a las consideraciones de seguridad”.

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“En este espacio del patio interior se juntan todos los siglos, ya que todo lo que da para el oeste es la parte más antigua, mientras que todo lo que da hacia el este, o la calle Fortaleza, es la parte más nueva. En un edificio de tantos años es difícil determinar de qué fecha específica es cada pared. En el Palacio de Santa Catalina todo ha sido una labor detectivesca porque no hay nada escrito”, dijo Coleman-Davis.

Otros proyectos:

  1. Restauración, conservación y pintura del mobiliario de los salones públicos. El mantenimiento y restauración del mobiliario de gran valor histórico de la Fortaleza es un proyecto de naturaleza contínua. 
  2. Proyecto de pintura de los salones públicos. Los estilos y materiales de construcción que se utilizaron en las numerosas intervenciones del Palacio de Santa Catalina afectan el interior de las paredes, por lo que se hace necesario llevar a cabo un proyecto continuo de pintura en los salones Interiores.

Escalera de Capá Prieto: pura majestuosidad restaurada

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Testigo, durante los 170 años de haber sido construida, de miles de pisadas y decisiones históricas, existe una majestuosa escalera, medianamente privada, que es la única que conecta los tres pisos del Palacio de Santa Catalina.    

Fabricada con una exquisita madera nativa, que en la Isla conocemos como capá prieto, esta escalera no tiene nada que envidiarle  a la   Escalera de Estado. Pese su sencillez, su monumentalidad y belleza radica en su forma sinuosa y en la riqueza de los materiales con la cual está hecha, ya que es el color pardo con vetas oscuras, características del capá prieto, y sus herrajes de bronce.

Trabajada hace casi 200 años de forma artesanal, tallada y pulida por expertos locales de aquella época, esta pieza estructural se sostiene de manera monumental de las paredes de mampostería de ladrillos que definen el espaciodonde se ubica, dejando el centro abierto. Como elemento decorativo, cuenta con herrajes de bronce en cada escalón y un pasamanos, lineal y curvo, que resalta su ritmo de ascensión.

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Durante el último año, esta joya de la arquitectura colonial fue objeto de un delicado trabajo de restauración.

Según la arquitecta Nydia A. Préstamo "hace unos años la escalera de capa prieto comenzó a mostrar un alto deterioro. Algunos escalones estaban sueltos, el pasamanos estaba desencolado y las uniones sueltas, el anclaje principal no estaba firme, por lo que ponía en riesgo la seguridad y un mayor deterioro”, añadió.

Como parte de los trabajos de conservación se comenzó la labor de restauración en julio de 2013. En este meticuloso trabajo, que tomó cerca de un año, se colocaron paneles sustitutos en los escalones intervenidos, para poder permitir su uso interrumpido. Esto representó un gran reto, pues es la única escalera que conecta los tres pisos de la Mansión. Por tanto, restaurar una escalera de esta magnitud y que   presentaba problemas de comején vivo, no fue tarea fácil.

Para lograrlo, “se reforzaron todas las secciones de la estructura y se añadieron tablones de madera de capá prieto como refuerzo. Otro de los retos mayores constituyó encontrar un gran árbol de esta madera nativa que pudiera proveer el material adecuado para restaurar y reemplazar  las piezas necesarias. El árbol apareció en Lares y fue un elemento importante en el rescate de esta pieza patrimonial”.

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También se trabajó, de manera artesanal, en tallar con extrema precisión las piezas curvas perdidas del pasamano. En ello laboró durante un año el arquitecto Francisco Gutiérrez, quien fue limpiando y lijando cada espacio de esta  estructura que data de 1846.

El Patronato del Palacio Santa Catalina

Las obras de restauración de la Mansión Ejecutiva se han llevado a cabo por la coordinación y gestión del Patronato del Palacio de Santa Catalina, constituido en el 2002. Este tiene un Consejo Rector cuya misión es coordinar esfuerzos públicos y privados para financiar los costos de mantenimiento, protección, restauración y conservación del Palacio de Santa Catalina. Un año más tarde el Patronato se constituyó en una corporación sin fines de lucro, identificada como la Fundación para el Patronato del Palacio de Santa Catalina, para poder cumplir la encomienda de carácter histórico cultural y poder adquirir los bienes y servicios necesarios para la digna conservación del Palacio.

El Patronato tiene una Junta de Directores, compuesta por 14 miembros, que establece las prioridades de los actos necesarios para cumplir los propósitos que le han sido encomendados mediante la Orden Ejecutiva que les rige. La presencia de la Directora Ejecutiva de la Oficina de Conservación Histórica y del Director Ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña en la Junta de Directores del Patronato garantiza que cualquier intervención de restauración, conservación, mejora o protección llevada a cabo en el Palacio cumpla con los códigos de conservación.

Para financiar las obras de restauración, el Patronato propicia esfuerzos en colaboración con agencias del Gobierno de Puerto Rico y con agencias del Gobierno Federal. Además, el Patronato está autorizado a aceptar donaciones privadas de hasta $2,500,000  en el agregado de un año contributivo, que constituye un crédito contra la contribución impuesta por el Código de Rentas Internas de PR. El monto de este crédito es 100% de la cantidad donada durante el año contributivo.

El Patronato también tiene a su cargo el Centro de Visitantes de La Fortaleza en el edificio de la Real Audiencia en la Calle Fortaleza.

Para  visitar La Fortaleza, llame a 787-721-7000, ext. 2323.