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Paseo Puerta de Tierra comienza a despertar los sentidos

Por: Arq, Eduardo Bermúdez/ Especial para Construcción

Las ciudades se vuelven invisibles cuando sus espacios se ignoran, se olvidan o se estancan; cuando dejan de sorprendernos y cuando se experimentan de la manera equivocada. 

Toda ciudad centenaria tuvo un comienzo modesto de impredecible crecimiento. Seguían formándose a fuerza de las particulares necesidades de sus habitantes y de adelantos constructivos y de infraestructura. También, las consecuencias de eventos naturales y de conflictos bélicos, y el vaivén de la economía y el desarrollo de sus industrias las moldeaba, mientras que planes urbanos se implementaban —a veces a medias— o se descartaban. 

En tiempos recientes, ha surgido la necesidad de reducir la amenaza que representa el tráfico vehicular desmedido para los centros históricos de ciudades tradicionales. Para lograr combatirlo se han ido incorporando nuevas estrategias urbanas que favorecen a peatones y a medios de transportación colectiva o individual, pero de mucho menos impacto. En ocasiones, dependiendo del orden político de los países, estos cambios han producido resistencia porque invariablemente algunos los ven como una regresión o una transgresión a ciertos privilegios de los que disfrutan las clases con mayores recursos. Las ciudades que logran satisfacer necesidades a cortas distancias son muy distintas a aquellas en las cuales el uso del automóvil es imprescindible o a las que todavía pretenden emular el carácter feudal de recintos que marcan la desigualdad social. 

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El proyecto recién inaugurado del Paseo Puerta de Tierra une a dos distritos con atractivos turísticos que pueden recorrerse peatonalmente: el Condado y el Viejo San Juan. Su localización se encuentra en esa franja longitudinal de terreno que una vez estuvo aislada de la antigua ciudad capital por medio de sus murallas y al que solo se podía acceder por una puerta, la de Santiago, cuyo apodo, la "Puerta de Tierra", adoptó dicha localización. 

La demolición del frente este de las murallas de la ciudad en 1897 representó, no solo la expansión urbana de la Isleta de San Juan, sino las aspiraciones de progreso y una válvula de escape que la población citadina había comenzado a solicitar desde mediados del siglo XIX para poder aliviar varios problemas de hacinamiento, salubridad y alto costo de las viviendas. No debemos juzgar este acto desde la perspectiva de nuestros tiempos. Sin embargo, el territorio extramuros era controlado por el ejército, el cual se opuso tenazmente a compartirlo hasta que autoridades mayores lograron aplacarlo. Aun así, las tropas lograron mantener control del norte de la carretera central (conocida luego como avenida Ponce de León y más recientemente como avenida de la Constitución), mientras que en el sur se levantaban frágiles arrabales y viviendas multifamiliares de modesta construcción para obreros y personas con pocos bienes. Por desgracia, todavía permanecen cicatrices sociales de esa división.

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Contrario a interpretaciones infundadas, el proyecto del Paseo Puerta de Tierra no tuvo nunca ninguna intención elitista. Afirmar tal cosa impide esclarecer malas interpretaciones presumiendo que la Isleta debe permanecer dividida y que su población no merece mejores ambientes. Se ignora que una verdadera ciudad la componen sectores distintos que deben convivir y aportar a la sociedad compartiendo derechos y una misma voluntad. 

La intención principal del proyecto es proveer espacios que sean de beneficio común. La razón es obvia: el abandono del área se evidencia en la cantidad de edificios desocupados o en deterioro que, sin embargo, poseen un potencial de oportunidad para un desarrollo económico multisectorial. No se requieren enormes esfuerzos; se requiere voluntad. El área debe ser propicia para la inversión y la creación de empleos, y esa inversión puede surgir de microempresas e iniciativas comunitarias. Para lograrlo, el primer paso es atraer visitantes. 

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Además del Viejo San Juan, el paisaje del litoral norte hacia el océano Atlántico es de gran atractivo. Pero ese paisaje hay que contemplarlo a pie o a velocidades mucho menores que la que alcanza un automóvil. Cualquier apreciación de un ambiente se vuelve muy efímero desde un vehículo donde la atención debe concentrarse en el camino y se limita al marco de sus ventanas. De esta manera, no se pueden escudriñar los detalles, olfatear los olores, escuchar los sonidos ni sentir el clima del área que se pretende experimentar. Pero lo más triste es que, encerrados en nuestro capullo móvil, no podemos conocer ni entablar diálogos con otras personas, evitando así la separación social y la falta de civismo de una sociedad.

El Paseo Puerta de Tierra no solo proporciona espacios de encuentro o de soledad contemplativa, sino que también instruye e inspira. Un mural artístico de Jaime Suárez y un programa educativo de rótulos con información histórica y sobre las especies de la flora del recorrido refuerzan el sentido de importancia del sector que muy pocos conocen. Una cronología histórica del distrito se ha colocado en la planta baja de la construcción conocida como la "Terraza al Mar", la cual estará abierta al público en las próximas semanas. Esta plaza-observatorio fue diseñada con una geometría inspirada en planos antiguos de los muros defensivos que se supone se extendían por el litoral y de los cuales no se encontró evidencia arqueológica. Los principales edificios emblemáticos de la Isleta también se han sido identificados con un breve texto sobre su historia y se ha provisto de un sistema de orientación para los visitantes. Por medio de estos recursos puntuales, los visitantes conocerán que Puerta de Tierra tiene personalidad propia. Sin este componente de investigación y descubrimiento, el proyecto carecería de respeto al lugar. Hay siempre que destacar la historia para entender que las ciudades son sus mejores testigos. 

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El proyecto se inauguró apenas pocos meses y hoy se nota a plenitud el fruto de la intensa labor que lo hizo realidad. Un lugar antes oscuro, inhabitado y escondido es hoy visitado por muchas personas, confirmando así su objetivo. No hay ciudades perfectas o estáticas, a menos que residan en nuestra imaginación. Siempre es preferible lo que se hace visible a fuerza del cambio constante: lo mutable, lo que podemos revivir, recorrer y recordar a nuestro propio ritmo. 

Para comunicarse con el arquitecto Eduardo Bermúdez, escriba a ebermudezarquitecto@gmail.com.