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Retos del cambio climático

Por: Dr. Fernando Abruña Charneco

Querido amigo lector,

Cuando nos contagiamos con un catarro, no solo se afecta el sistema respiratorio, también aumenta la temperatura del cuerpo mientras este batalla contra las bacterias o viruses que nos causan el malestar. El aumento en temperatura corporal nos fuerza a sudar para poder disipar el calor que se acumula en nuestro interior y poder moderar la temperatura del cuerpo. Un sistema (respiratorio) altera otro (el de temperatura) por las interacciones y mutuas dependencias entre estos.

En el año, 1969, James Lovelock hizo pública su teoría sobre las dinámicas planetarias que posteriormente se popularizó a través de su seminal libro “La hipótesis GAIA” e investigaciones complementarias de su colega, la Dra. Lynn Margulis. En su libro -basado en su experiencia, observaciones y estudios históricos- discute el comportamiento del planeta y cómo sus diferentes sistemas naturales interactúan. La relación de interdependencia e interacción de estos sistemas es muy parecida a la que ocurre en los organismos vivos. GAIA es la diosa del planeta según la mitología griega. Lovelock vincula a GAIA como la diosa que reacciona -y a veces se enferma- según los cambios que ocurren en sus diferentes sistemas. 

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Lovelock ha sido un autor que ha creado mucha controversia. Al inicio de su exposición de su hipótesis GAIA, este promulgó el uso de las fuentes de energía renovable como una de las estrategias a seguir para reducir las emisiones de gases que ocasionan el cambio climático. Hace poco más de una década llegó a la conclusión de que el aumento en el uso de fuentes renovables no era suficientemente rápido como para contrarrestar la inercia de las emisiones existentes de carbono. Tomó en aquel momento la difícil decisión de respaldar y abogar la controversial ruta del uso de la energía nuclear. Su argumento giró alrededor de que los efectos causados por los aumentos de CO2 en nuestra atmósfera serían de mayor daño (catastrófico, según él) que el riesgo que supone el uso de la energía nuclear. Una periodista le preguntó:  ¿ante este sombrío escenario qué opciones tenía? “Get a gun, shoot yourself”, fue su irreverente y sínica contestación. 

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En algunos momentos durante el nuevo documental “An Inconvenient Sequel”, el vicepresidente Al Gore se nota cansado y confiesa un cierto grado de desaliento y desesperación por la lentitud con la que la humanidad ha reaccionado al reto del cambio climático al que nos enfrentamos y más recientemente por las salvajes y destructivas políticas ambientales del presidente Trump que se presentan en el documental a manera de colofón.

En Puerto Rico, un grupo de científicos, académicos y profesionales que estudiamos los efectos del cambio climático según estos atañen específicamente a nuestra Isla, llegamos a la conclusión de que el cambio lo vivimos todos los días y que Puerto Rico, por su condición de isla, es más vulnerable que otros países de escala continental. Ya no es suficiente con advertir o alertar… debemos alarmar a todos los que habitamos esta hermosa Isla para tomar acción ahora. La inacción es ya la causante de aumentos significativos en el aumento del nivel del mar que afectan operaciones en instalaciones frente a este, incluyendo el aeropuerto y varias plantas termoeléctricas, entre otros. Nuestra inacción abona a eventos climáticos extremos y repentinos de, lluvias torrenciales, olas de calor intolerables y sequías extendidas. 

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El cambio climático es uno de los mayores desafíos para la sostenibilidad global. Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, es probable que los eventos extremos aumenten en frecuencia. Los eventos extremos relacionados con el clima son la forma más inmediata en que las personas experimentan el cambio climático y las zonas urbanas son particularmente vulnerables a estos eventos, dada su ubicación, concentración de personas e infraestructuras cada vez más complejas e interdependientes.

La infraestructura actual de las zonas urbanas está envejeciendo y resulta inadecuada para proteger las poblaciones citadinas. Esta debe ser resiliente, proporcionar servicios ecosistémicos, mejorar el bienestar social y explotar nuevas tecnologías de manera que beneficien a todos los segmentos de la población urbana y sean apropiadas al contexto urbano particular.

Los huracanes Harvey, Irma y María nos ofrecen la oportunidad de hablar sobre la intersección entre planificación urbana, arquitectura, paisajismo, códigos de diseño y construcción, y permisos. No podemos mirar estos eventos como desastres naturales, nosotros creamos nuestra vulnerabilidad a los eventos. La resiliencia, no consiste en recuperarse y volver a la normalidad, sino transformar la manera en que desarrollamos la ciudad y las causas de las vulnerabilidades, y esto va justo a las decisiones de cómo, dónde, y qué construimos. Necesitamos transformar nuestro paradigma de desarrollo para que vaya a la par con las nuevas realidades que trae el cambio climático y nuestra condición económica y fiscal. Ahora que se discuten nuevas formas de operar el País, es importante desarrollar y respaldar esfuerzos y estrategias de acción a través de procesos participativos.

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Los estragos que ocasionaron los huracanes recientes en Texas, San Martín, Barbuda, Florida y Puerto Rico es el preámbulo de lo que seguirá ocurriendo. Lo que sufrimos con María -el más reciente evento- no es nada comparado con lo que podría ser.

Ya sonó la alarma, ¿qué esperamos para actuar?

El autor es arquitecto practicante, catedrático retirado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico, “fellow” del American Institute of Architects, fundador y pasado presidente del US Green Building Council del Caribe y la autoridad reconocida sobre el tema en Puerto Rico. Para más información, escríbele a dialogandoverde@gmail.com