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Revolución renovable

Por: Dr. Fernando Abruña Charneco

Ahora que el futuro de la energía en Puerto Rico se discute en la palestra pública, en la Legislatura, en la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), en la Junta de Control Fiscal y en la voz de la jueza Laura Taylor Swain, conviene repasar lo que ha ocurrido en el pasado y las tremendas oportunidades que en estos momentos tenemos ante nosotros.

Hasta hace poco la generación de energía en Puerto Rico estaba casi exclusivamente en las manos de la Autoridad de Energía Eléctrica. En el año 2007 se aprobó la Ley 114 de Medición Neta que abrió las puertas a que ciudadanos, comerciantes, industrias y otras entidades privadas de diferentes tipos nos pudiéramos involucrar en ese escenario. Esta ley permite y fomenta la Generación Distribuida (GD). 

La GD permite que terceros podamos generar nuestra propia energía con nuestras propias fuentes (principalmente paneles fotovoltaicos sobre nuestros techos) e interconectarnos con la red de la AEE. En esa relación cada generador puede comprarle y venderle energía a la Autoridad. El escenario típico en una residencia privada es generar y vender electricidad a la AEE durante el día cuando estamos fuera de nuestros hogares trabajando y nuestros hijos estudiando. Durante la noche, cuando la actividad de consumo es mayor, se invierte el escenario en uno donde le compramos electricidad a la AEE. Al final del mes la medición neta entre venta y compra es lo que terminamos pagando… de aquí el nombre de esta opción.

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Cuando diseñamos y construimos la Casa Ausente (primera casa ecológica en Puerto Rico) en el 1999, no existía la Ley de Medición Neta. El sistema fotovoltaico que allí instalamos es autónomo y requiere un banco de baterías. Nosotros como propietarios administramos nuestra generación y consumo sin estar interconectados con la AEE. En aquel momento el costo de los sistemas fotovoltaicos fluctuaba entre $13 y $15 por cada vatio de potencia conectado. Hoy día, para una instalación residencial interconectada con la AEE, el costo es de cerca de $3. La diferencia es abismal y pone de manifiesto que ahora es el momento más apropiado y económicamente viable para que el País tome la opción de la GD con pequeños generadores a través de todos los techos de las diferentes tipologías edilicias en la Isla. No hacen falta más plantas termoeléctricas, podemos actualizar las existentes con gas natural en lo que poblamos el sistema con generadores distribuidos.

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La generación de energía (por medio de fósiles o renovables) es la parte fácil del reto energético al que se enfrenta Puerto Rico (y la Autoridad). La transmisión, distribución, administración, mantenimiento, robos y cobro de energía es la parte más compleja y la menos apetecible a los inversionistas que interesan incursionar en nuestro sistema. Para que el lector tenga un sentido de escala: si tomáramos las líneas de transmisión y distribución y las colocáramos una detrás de la otra, la distancia total equivaldría a 1.3 veces el diámetro del planeta tierra. El mantenimiento de esta red es casi imposible de aquilatar en complejidad. 

Este es el momento histórico para que la generación de energía (“la parte fácil de la ecuación”) sea realmente un  proyecto de País, donde todos estemos, literalmente, involucrados y no dejarlo en manos de inversionistas que, es fácil entender, desean la ruta más fácil y de menos riesgo.

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El autor es arquitecto practicante, catedrático retirado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico, “fellow” del American Institute of Architects, fundador y pasado presidente del US Green Building Council del Caribe y la autoridad reconocida sobre el tema en Puerto Rico. Para más información, escríbele a dialogandoverde@gmail.com.