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Ceciliana Alonso González y el arte de la tapicería

Por: Jomar José Rivera Cedeño| jomar.rivera@gfrmedia.com

Mientras observaba a su madre tapizar muebles, siendo todavía pequeña, Ceciliana Alonso González, no imaginaba que ese iba a ser el trabajo de su vida. 

Pero aún así prestó mucha atención a las enseñanzas de su progenitora, Ana Cecilia González, maestra de la Escuela Vocacional de Carolina y a quien posteriormente sirvió como asistente, alternando con sus juegos de niña. 

Fue de esa manera en la que se convirtió en una verdadera maestra del tapizado de muebles, yates, botes y veleros, oficio casi exclusivo de hombres, pero que Ceciliana desempeña con habilidad. La experta tiene 38 años de edad y 15 de dedicarse a la profesión con cuyos méritos ha logrado posicionarse como una de las más recomendadas en  y fuera de la isla. 

“Tengo un bachillerato en Administración de Hoteles y Restaurantes. Sin embargo, luego de la tragedia del World Trade Center me encontré con que las primeras mil personas que cesantearon fue en la industria del turismo. Eso me llevó a reflexionar y a retomar el negocio familiar que mi abuelo y mi madre habían comenzado”, contó la también restauradora de muebles quien tuvo sus primeras experiencias laborales en la renovación de muebles de Amadeus del Viejo San Juan, Amadeus de Hato Rey y Barú en la calle San Sebastián del Viejo San Juan.

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¿Qué te hace diferente?, le preguntamos. “Yo me muevo por el cliente. Lo único que ellos tienen que hacer es decirme lo que quieren. Les presento la idea y me encargo del resto. Además, yo trabajo por ellos. En todos mis trabajos hay una exclusividad, no vas a ver otro trabajo igual. Puede ser que utilice uno que otro material en común, pero siempre el resultado será distinto”, respondió. 

Sus comienzos fueron por la línea comercial y luego fue incursionando en los espacios residenciales, de donde nunca más pudo salir. Y es que, según cuenta la diseñadora, la parte comercial representaba todo un reto porque había que ajustarse a horarios operacionales. Por otra parte, los proyectos residenciales, brindan un poco más de flexibilidad y tiempo para “echar la mente a volar”. 

“Desde el inicio, la profesión fue un desafío porque habían unas destrezas que todavía yo no dominaba. Siempre observaba a mi mamá trabajar, pero habían unas deficiencias. Por ejemplo, yo no sabía coser y delegaba todo lo que era costura a ella. Hasta que de la noche a la mañana se comenzó a acumular el trabajo y tuve que aprender”, admitió.

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A pesar de que Ceciliana cuenta con un diploma en Tapicería y Talabartería de EDP University, también logró cursar estudios en Diseño de Interiores, revalidó y es miembro activo del Colegio de Decoradores y Diseñadores de Interiores de Puerto Rico. “El diseño de interiores es un proceso creativo que hay que generar rápido, pero trabajarlo lentamente y la tapicería es igual”.

Ceciliana, quien se ha inspirado en figuras del campo del interiorismo local como Pilar Moreno, Marisa Seín, Lulú Puras y Elsie Torres, detalló que la mayoría de sus trabajos le vienen por referencia y que han sido muy pocas las veces que ha tenido que promocionarse. Además, a pesar de que no ejerce directamente el diseño de interiores, sí se mantiene como asesora, incluyendo a colegas. 

“Me gusta asesorar, me encanta ayudar a mis compañeros. Por ejemplo, Gisela Díaz y Maricarmen Rodríguez, son personas con las que colaboro mucho. También he trabajado piezas para arquitectos y otros profesionales relacionados. Involucrarme y ser parte de su proceso de diseño me satisface y me llena”, dice Ceciliana, quien asegura que “su sueño de siempre fue trabajar mobiliario de hoteles”.

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Al cuestionarle sobre la industria de la tapicería en la isla, Ceciliana reconoce que es una profesión muchas veces olvidada.

“Aquí hay mucha gente que ejerce la tapicería, pero no es la tapicería fina, como realmente uno quisiera. Por ejemplo, en la época de mi mamá, hace 20 años, te encontrabas con tapiceros que usaban un relleno de calidad y tenían buen dominio de la técnica. Pero en la medida que se han ido los viejos y no hay instituciones académicas donde se pueda enseñar el oficio, los aspirantes están aprendiendo en la calle... y aprenden lo bueno y lo malo. Usan textiles excelentes, pero relleno barato, un relleno que a los tres meses se achichona, se deforma, no sirve”, demandó.  

Ceciliana también destacó que en Puerto Rico “hay mucho talento y jóvenes que quieren introducirse en la industria de la aguja y el diseño. De hecho, la Escuela de Artes Plásticas ofrece actualmente un curso de Diseño Industrial y Diseño de Muebles, pero no enseñan tapicería por falta de profesionales capacitados en la materia”. 

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La interiorista, durante un tiempo, ofreció el curso de Tapicería Básica I y II en EDP University, pero no se sintió totalmente cómoda por diferencias en cuanto al costo del curso y la falta de un espacio adecuado para continuar con su labor como profesora. 

De su experiencia, cuenta que “la ventaja de la tapicería es que tú lo puedes ejercer desde la casa. Incluso, no tienes que saber de costura porque puedes trabajar todo lo que no requiera coser, como muebles hechos en paneles, otomanas [tipo de sofá que tiene no tiene espaldar, uno de los muebles lujosos que Europa importó del Oriente en el siglo XVIII] y sillas de rejilla. Entonces, en la medida que tú conoces los materiales, puedes ser sumamente creativo. Y ese es precisamente el problema: el diseñador de interiores, al igual que los arquitectos, quieren ser bien creativos pero tienen miedo de a quién delegar el trabajo. Por eso es importante la educación”, recalcó la interiorista.  

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“Entre mis planes está seguir enseñando porque la carencia en educación trae consecuencias. Primero hay que educar al tapicero para que produzca un trabajo de calidad y también al cliente, para que aprenda a comprar servicios. La gente no debe dejarse llevar simplemente porque un mobiliario se vea bonito o porque el color se vea espectacular en el espacio. Hay que mirar más allá y velar por tu  inversión”, aconsejó.

En tendencia 

Ceciliana, quien es fanática de las diseñadoras de muebles Adriana Hoyos y Patricia Urquiola, confirmó que las tendencias actuales buscan retomar el mueble tropical, incluso hasta el ratán. Colores como el verde, el azul y el violeta seguirán dominando. 

Esto es un hecho constatable, llevamos varias temporadas viéndolo en la moda y en la decoración y, al parecer, está lejos de desaparecer. Se reafirma como una de las tendencias decorativas más alegres, coloridas e ilustradas. 

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Este año y el que sigue, a la exuberancia vegetal de palmeras y flores exóticas se le añade otro motivo: los pájaros tropicales, loros, flamencos, tucanes y quetzales. 

También se seguirán trabajando las maderas claras y de tonos medios. 

“A pesar de que las tendencias están para seguirlas, pienso que no todas aplican a todo el mundo”, abunda. “Por ejemplo, una persona que padece de depresiones no debe utilizar los grises. Una persona que tiene una deficiencia mental, no debe seleccionar para sus muebles patrones o gamas de colores que alteren su estabilidad emocional. Entonces, aunque no lo parezca, esta es la razón por la que la tapicería va directamente ligada con el diseño de interiores”.