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Cuando el arte internacional es parte de tu casa

Por: Sylvia Villafañe| info@petrusgallery.com

“No saben lo que se pierden”, proclama Lino Hernández, dueño operador de supermercados Econo, quien disfruta uno de los múltiples roles que ocupan su vida, coleccionista de arte contemporáneo, y le encantaría que otros compartieran ese interés.

“Todas las personas tenemos pasiones, cosas que nos gustan, que van paralelo a lo que hacemos. Soy un empresario, todo el tiempo estoy haciendo negocios. Mi pasión es el arte y dentro del mismo tengo dos renglones que es teatro y colección de arte contemporáneo. Coleccionar para mí es como guardar momentos especiales”, define durante nuestra conversación.

Hernández se rige por una máxima específica al seleccionar una pieza. “Lo primero que yo noto es que el artista, su mensaje y yo, nos podamos comunicar”, puntualiza el empresario que convive con piezas de arte firmadas por creadores locales e internacionales en su residencia, “lo próximo que yo veo es qué provoca en mí, porque en mi casa yo tengo plasmado momentos”.

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Consciente de que cada artista revela instantes o intereses particulares de su vida en cada obra que crea, menciona como ejemplo la fotografía que posee de David LaChapelle, “El Arcángel Miguel”, que muestra la guerra entre el bien y el mal.

“Oye, eso es una película”, opina, “tú tienes ahí una historia de los demonios que tuvo que haber vencido Michael Jackson en un momento de su vida y ya yo tengo ese momento histórico plasmado. Cada pieza tiene una historia. Piensa en Anselm Kiefer y sus piezas basadas en el Holocausto, yo tengo los dibujos de esas torres que construyó en esa época. Tú aprendes de esa historia y te logras comunicar con el artista; es como tener en tu casa 25 o 30 televisores prendidos a la vez y en cada uno te están dando una película diferente”.

Apreciar una obra en casa es equivalente a renovar su relación con ella. “Me puedo sentar a ver una pieza y a lo mejor estaba pensando en treinta cosas de los negocios y eso me refresca la mente. Cada vez que tú ves una pieza no ves lo mismo, es reencontrarse con la historia y comunicarte con el artista continuamente porque las piezas hablan, no es ‘ah, mira qué bonito el rojo’. Y tengo que tener algo en mi vida que apele a mis sentimientos porque ya yo tengo, en mi vida de comerciante, lo que no tiene sentimientos, que son los negocios. El arte me crea un balance”.

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El coleccionista asegura que cuando visita una galería de arte no va a mirar obras si no a observarlas y escucharlas. “Tú no puedes pensar con un pensamiento exclusivo en la vida”, recomienda, “tienes que entender y aprender de los demás y el arte me ayuda a eso. La historia te da el conocimiento que te evita cometer errores y te amplía el marco de referencia de la vida. Cada artista tiene esta sensibilidad tan profunda que le permite crear y lo más importante es que uno lo pueda entender, esa es la cosa bella de esto”.

Hernández habla con especial cariño del arte puertorriqueño, con el que se inició como coleccionista. La pieza “Mesa blanca”, de Antonio Martorell, comenzó su duradera relación con el arte. “Siempre voy a tener un gran amor por esa pieza”, confiesa y asegura que al decorar su casa se partió de la realidad de que en sus paredes colgarían piezas de arte y que nada debía competir con ellas.

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“Ser coleccionista es mucho más que tener piezas, uno de sus compromisos morales es compartir el arte, que la gente vea esas piezas y quizás despierte ese amor por ellas. Coleccionar tiene tantas cosas positivas”, acaba Hernández, esperanzado de poder compartir su gusto por el coleccionismo con otros.