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Edificios triangulares

Por: Alejandra del Pilar González/ Especial para Construcción
El condominio Condado Terrace. (Suministrada)

En sus inicios, la forma urbana de la ciudad de San Juan se concibió en base al modelo de planificación romano/renacentista fundamentado en ángulos rectos. Sin embargo, como en otras localidades del Nuevo Mundo, la red de calles impuesta a priori se tuvo que alterar para acomodarse a la geografía y la topografía. Veredas y vías de tránsito acabaron siendo no paralelas. Como resultado de los solapes inevitables de estas lógicas dispares, aparecieron lotes de huella triangular. Hoy estos constituyen presencia particular en varios de nuestros centros urbanos.

Diseñar edificios a  base de  la geometría del triángulo presenta dificultades relativas a cómo ocupar los espacios próximos a los vértices de la forma (las “puntas”) cuando los ángulos son muy agudos. En esas “esquinas” o “picos” se reduce la capacidad y utilidad de los espacios, condición que se minimiza o agrava dependiendo del tamaño del área. A mayor escala, más amplia y cómoda la disposición espacial interna.

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¿Cómo se da el manejo del triángulo a escala mediana, particularmente en proyectos de vivienda colectiva, condominios y apartamientos? La repetitividad y regularidad de las unidades residenciales constituye un reto singular de diseño a la hora de acomodar estas en una planta triangular. El desafío no solo se basa en lograr una disposición racional de las habitaciones, sino en atender paralelamente consideraciones estructurales y económicas; también garantizar ventilación e iluminación.

El tema resulta pertinente. Por más de una década, especialmente a nivel internacional, la arquitectura ha estado inmersa en la exploración de espacios que incorporan ángulos agudos y obtusos, retando las composiciones tradicionales basadas en ángulos de 90 grados. En contraste, no abundan edificios triangulares en la trama urbana puertorriqueña, de antes o ahora. 

Ejemplos contados se distinguen en el área metropolitana, de configuración más densa que el resto de la Isla. Al San Juan expandirse, crecieron sectores que eventualmente se entrelazaron, generándose puntos de encuentro con geometrías irregulares, producto del “choque” de diversos trazados de calles. La demanda de vivienda a partir de los años 40 fomentó la ocupación de los lotes resultantes, muchos triangulares. Los modelos desarrollados en tales predios varían su configuración de acuerdo a cómo el edificio se acomoda en el contexto y por dónde se les entra. Muchos se ubican allí donde se encuentran dos o más calles, por ser producto de bifurcaciones en la trama urbana. A menudo, las dos fachadas que se unen en el vértice de la esquina se achaflanan, dotando así de mayor espacialidad a la intersección. En Condominio “The Lofts at 2014”, obra de McCullough-Domínguez Architects en Monteflores, Santurce, ilustra esta solución.

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¿Y QUÉ DE LA DISPOSICIÓN INTERNA EN PLANTA? ¿CÓMO SE ACOMODAN HABITACIONES Y OTROS ESPACIOS DENTRO DE UN TRIÁNGULO?

Tratándose de edificios de pisos múltiples, el primer nivel casi siempre se dedica a uso comercial y las unidades de vivienda ocupan niveles superiores. La ubicación de las escaleras y el elevador (si lo hay) condicionan la lógica interna. El espacio que ocupan estos elementos de circulación vertical funge como  zaguán, dependiendo de cuán cerca de la calle se ubica la entrada, y funciona como “pozo” de ventilación e iluminación para las dependencias sin cara a la calle.

Recurren tres estrategias de composición, según el número de componentes en que se articula la planta:  tríptica, bilateral, y segmentada. En el primer caso, el triángulo se articula en tres partes y la circulación vertical está contenida por los apartamientos. Así, cada unidad disfruta de ventilación cruzada. 

En ejemplos “bilaterales”, la distribución espacial responde a dos segmentos unidos por un vértice y, a su vez, separados por la escalera. El Condominio “Villas del Parque”, el arquitecto Fernando Lugo, en Santurce, ilustra esta condición. Finalmente, en la estrategia segmentada, una parte de la planta triangular – casi siempre la escalera - se articula diferente al resto del edificio donde  están las unidades de vivienda.

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Río Piedras acoge un buen muestrario de edificios triangulares. Muchos pasan desapercibidos, por tratarse de edificaciones que no pretenden llamar la atención, reconociendo que tal función compete a los monumentos de la ciudad, no a sus viviendas. Además - por el paso del tiempo y su valor disminuido en el mercado de bienes raíces - ya sea por abandono de sus dueños o maltrato de sus usuarios, muchas de estas estructuras lucen hoy muy desmejoradas. Quienes primero ocuparon sus apartamientos hace tiempo que se fueron y más de un morador indiferente les ha sucedido...

En Santa Rita, donde coinciden las calles Rosales y Brumbaugh se levanta un edificio triangular de tres plantas y corte moderno, cuyo diseño se destaca por la distribución ingeniosa de los apartamientos, tres por piso. Alberga en su primer nivel un local comercial. Su esquina sur – el vértice del triángulo - se achaflana y, como la acera se ensancha, ambas condiciones propician la creación de un pequeño espacio urbano. La escalera, al centro, provee acceso directo a cada unidad y a una azotea/terraza de uso común.

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Otro ejemplo amerita consideración: el edificio #870 en la calle Esteban González, cuyo predio triangular se debe a la canalización previa de una quebrada. Uno de los costados de la estructura se articula en escalones para permitir la entrada directa a diferentes unidades. La fachada principal oculta la estrechez de la estructura, que atrás termina en un vértice de dos pies de ancho. La cocina, por su ubicación, funciona como elemento organizador en la planta triangular. En las partes más agudas se acomodan armarios.

Para la resolución compositiva de los vértices – ¿qué albergar en ellos?; ¿cómo manejar su estrechez? – a menudo se retranquea el vértice más agudo, achaflanándolo a veces, o eliminándolo. Otras veces, el espacio de mayor angularidad se aprovecha para albergar la dependencia más amplia de la unidad, ya sea la sala o una terraza. Así se constata en el edificio Condado Terrace en la Calle McCleary, cuyo vértice se aprovecha como terraza en cada apartamiento, minimizando el problema de qué hacer en el ángulo agudo. Obra de la firma de arquitectos Gelabert y Navia, este edificio constituye el más sofisticado  de nuestros edificios triangulares. Su estética moderna, de líneas   horizontales, se hace más evidente en las fotografías inaugurales que hoy día, cuando cables y las copas de árboles ocultan su estética. 

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La originalidad de los diseños que adoptan el triángulo como forma de exploración arquitectónica radica en la resolución espacial de los vértices. Ellos determinan la geometría de la forma, influyen en la habitabilidad de los espacios interiores y logran moldear el entorno urbano.

Alejandra del Pilar González, de San Juan, cursa el quinto año de arquitectura en la Universidad Politécnica. Ha viajado a Europa y Estados Unidos. Formó parte del equipo ganador de estudiantes que merecieron el Peterson Prize 2015, otorgado a nivel nacional por el National Park Service a los mejores dibujos de documentación de edificios históricos. Su proyecto de fin de carrera – en desarrollo - plantea una nueva mirada al sistema penal de Puerto Rico.