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“Ese cuadro nos robó el alma”

El punto de no retorno. Así podríamos describir ese momento en que una obra de arte entró a tu corazón –a través de tus sentidos- y se convirtió en un habitante apreciado de tu casa. Te enamoras de una pieza, no dejas de pensar en la conexión que sentiste hacia ella, y regresas a adquirirla para integrarla a tu colección.

Eso le ha sucedido a Gabriela García y Tomás Ballester con casi todas las obras que han adquirido para su hogar. El matrimonio, que lleva 23 años de unión, ha armonizado el gusto por el arte y hasta ha extendido sus afinidades estéticas a la decoración de su residencia que combina muebles antiguos con toques modernos siguiendo la guía de la decoradora Myrna Colberg. Curiosamente, la ambientación del espacio tiene como punto principal un lienzo del artista puertorriqueño Carlos Dávila Rinaldi: “Carreteras”.

“Ese cuadro lo vimos en una colectiva y los dos dijimos ‘¡wow!’. Estuvimos toda la noche hablando con la gente frente al cuadro, lo mirábamos y lo mirábamos. Dijimos: ‘let’s walk away, y si todavía nos llama, lo buscamos’. Al otro día le dije a mi esposo ‘estuve toda la noche pensando en el cuadro’ y él me dijo que le pasó lo mismo. Fuimos a la galería a comprarlo. Ese cuadro nos robó el alma, es la pieza central de la sala y la casa se decoró alrededor de ella”, narra Gabriela.

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Es un plan de salida usual para la pareja acudir a galerías y a museos a disfrutar nuevas exposiciones de arte. “Heredé el amor por el arte de mi mamá, María Luisa Guijarro. De ella heredamos mi hermana y yo una colección de santos y varios cuadros de Carlos Raquel Rivera, entre otros pintores puertorriqueños”, rememora Gabriela. “A Tommy siempre le gustó el arte y cuando empezamos a salir yo trabajaba en la galería Luigui Marrozzini en el Viejo San Juan así que empezó a interesarse más. Ese amor por el arte le ha continuado”, añade. 

Todas las piezas que integran su colección de arte local aportan su historia particular. Poseen una versión mini del famoso “gato jirafo” de Jorge Zeno, escultura que cautivó a Tomás quien la adquirió “y yo estoy enamorada del gato”, acepta entre risas Gabriela quien, por su parte, tiene otra pieza preferida. “Es una obra entre escultura y pintura. Es bien diferente y no puedo ni describir cómo es, su combinación de elementos me da felicidad al verla. Es una obra de Edwin Maurás Maldonado”, confiesa y su declaración la lleva a reconocer la importancia de la relación entre el coleccionista y su obra.

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“Yo no puedo tener una obra solamente porque sea de un artista importante, tiene que gustarte la pieza. Nosotros creemos que, si no nos llena la pieza, no la tenemos”, dice y pone como ejemplo otra obra de su colección, “Caras”, de Arnaldo Roche Rabell, con un rostro bañado en hojas rosadas, la cual le provoca una sensación de bienestar de solo mirarla.

Dejar de adquirir piezas no está en agenda. “Todavía tengo espacio para más y como la vida es larga, y si Dios nos favorece, podremos seguir llenando nuestro hogar de arte. Este es un gusto que compartimos como pareja y que hemos inculcado en nuestros hijos”, menciona sobre los gemelos Eva y Tomás, de 20 años, y Emilia, de 14.

“A ellos también les encanta el arte, han crecido en esto y ha sido parte de sus vidas; cuando chiquitos los mandábamos a campamentos en el museo”, asegura Gabriela orgullosa.

Sin duda, en casa de los Ballester García, el arte no es solo un amor entre dos.