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Explorador de la ciudad posible

Por: Militza Suárez Figueroa

Al arquitecto Andrés Mignucci lo han invitado a formar parte de un grupo muy selecto, con una misión encomiable: pensar en ideas que puedan hacerse realidad y cambiar al mundo. Y el urbanista, que es también académico de la Universidad de Puerto Rico, está listo para irse a Italia junto a pensadores de distintas partes del globo como parte del Programa de Residencias de la Fundación Rockefeller 2019.

Este será el año número 60 que dicha fundación, establecida en 1913 con el propósito de promover el bienestar de la humanidad en todo el mundo, designa como Fellows y auspicia a un grupo de académicos, artistas, líderes de pensamiento y creadores de política pública para que por mes y medio se dediquen a tiempo completo a trabajar ideas por separado. Mignucci es el único puertorriqueño en esta importante jornada en la que participan cinco representantes de cuatro regiones del globo: Latinoamérica, África, Europa, Asia y Estados Unidos. La Fundación Jumex Arte Contemporáneo de México, lo nominó para optar por un puesto en el Programa de Residencias por considerarlo representante de los más altos estándares en su disciplina.

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Y el lugar donde se acuartelará este grupo no puede ser uno más inspirador: la serena Villa Serbelloni, de cara al Lago Como y con impresionantes vistas a los Alpes. 

Este proyecto es uno muy singular. Instala a académicos en un lugar tranquilo y apartado para que trabajen en solitario, a sus anchas. Pero, se requiere que cada residente haga todas sus comidas de manera comunitaria e interaccione con sus pares. Para el Fellow boricua esto encierra un tremendo valor. “Es una gran oportunidad tener acceso a compartir con personas que, como uno, hacen el trabajo en sus diferentes países y recibir el insumo de cómo ellos libran problemas similares”, opina.

Pero lo cierto es que este arquitecto, ganador de 24 galardones a nivel local e internacional, obtuvo en buena lid su lugar en la gran casa en Bellagio. Como parte de los requisitos de selección, Mignucci presentó la propuesta de investigación Common Ground: Public Space and the Resilient City, que examina la función de los espacios públicos en tiempos de crisis ambiental y cómo el buen diseño arquitectónico contribuye a crear ciudades resilientes.

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Una serie de eventos catastróficos que ocurrieron en un mismo periodo de tiempo en distintos lugares (el huracán María en Puerto Rico, un terremoto en México y los fuegos en California) le infundieron la idea. “Lo público es central en mi trabajo [arquitectónico] y en mi pensamiento. Vi que mientras luchábamos con lo que nos dejó el huracán María, el espacio público se estaba transformando. La gente se volcaba en él. Así que una reflexión de cómo ese espacio público reacciona ante las adversidades y las crisis ambientales podría tener una repercusión global”, relata el diseñador de la Placita del Condado, Ventana al Mar y su más reciente proyecto, la intervención en el parque Luis Muñoz Marín.

La propuesta se centra en mirar calles, plazas, carreteras, entre otros de tres distintas formas: como espacios de sanación para recibir ayuda, apoyo y alimento, como espacio democrático para la diversión y la expresión -incluida la protesta- y pensar en las características que deben tener esas facilidades para que la gente no esté aislada durante los eventos.

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Y, ¿qué se supone ocurra una vez termine la residencia? Si bien depende de toda una serie de factores y que no todos los puede controlar, el arquitecto tiene un ideal. “A mí me encantaría poder formular aquí una serie de guías y criterios para hacer un número de proyectos prototipos que me permitan poner en práctica las ideas en espacios públicos. Usarlos como punto de partida para desarrollar metodologías que permitan construir una ciudad resiliente”, indica el también Fellow de The American Institute of Architects (AIA).

Considerado un arquitecto a mitad de carrera, invitaciones como la de la Fundación Rockefeller le dan ocasión a Mignucci de detenerse a pensar más profundamente en su trayectoria y legado. 

“Cuando uno está haciendo, en ese momento acelerado de la vida, no está pendiente a reconocimientos. Ahora, estoy consciente de que hay una trayectoria positiva y que, con el hacer vienen unas responsabilidades. Pienso que voy a poder hacer proyectos y comenzar iniciativas de las que otras personas se pueden beneficiar. Y creo que tengo mejores herramientas, más trasfondo, más bagaje. Mi mente vuela con nuevos proyectos y nuevas ideas. El sentido de esperanza y posibilidad de un entorno mejor y de un Puerto Rico mejor es lo que me mueve”.