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La arquitectura y el "interés social"

Por: Arq. Eduardo Bermúdez
Arq. Eduardo Bermúdez

"Interés social" es un eufemismo sin mucho sentido con el cual se denominan proyectos de vivienda de bajo costo. Pero, el "interés" presupone a un interasado  y se supone que ese ente sea el gobierno. Como eufemismo, señala y estigmatiza, pero, sobre todo, excluye.

A partir de la revolución industrial del siglo XIX, las ideas socialistas que varios intelectuales   formularon fueron recogidas por arquitectos que pensaron que un estilo con énfasis en el funcionalismo y el minimalismo podría ser   apropiada para una sociedad más justa. El propósito era crear una arquitectura     más asequible y fácil de construir para proveer vivienda a una clase obrera en aumento.   

Pero los seres humanos tienen  aspiraciones. Los modelos de la clase "noble" y de los privilegiados han influido siempre sobre la imaginación de  las otras clases sociales. Es una falacia suponer que un estilo arquitectónico pueda apelar más a un sector de la población que a otros. Eso se demuestra en que ese estilo austero  supuestamente reservado para las clases desventajadas resultó ser una imposición sin éxito. 

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En un giro irónico, el minimalismo se asocia hoy con una clase culta y se interpreta como una señal de sofisticación que rechaza lo rebuscado. Aquella intención de simplificar y estandarizar la construcción para hacerla más barata mutó a una obsesión de perfección en la arquitectura que solo podía conseguirse con mejores materiales, mejor fabricación y mayor esfuerzo de diseño, lo cual terminó haciéndola más cara. En todo esto contribuyó una intención de reconocimiento crítico que comenzó cuando   arquitectos europeos afiliados a filosofías de equidad social llegaron a las costas de   Estados Unidos huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Se les recibió como impulsadores de un nuevo estilo con matices artísticos abstractos e intenciones "honestas". Tal acogida alimentó   egos. La  nueva importación fue bautizada "Estilo Internacional" y se copió en todo el mundo, hasta que Robert Venturi abrió su caja de Pandora en 1966 y sembró dudas.   

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Entonces, ¿en dónde reside la responsabilidad social de la arquitectura y de qué consiste? Toda obra que se construye tiene repercusiones en el paisaje y en el ambiente urbano. Por ínfima que pueda parecer esa presencia, la imagen de un edificio será un recuerdo que servirá para trazar parte de una historia, sirviéndole de testigo. Con   otros edificios, será parte del telón de fondo de nuestras acciones y afectarán nuestra convivencia social. Sus espacios influirán en nuestro estado de ánimo a un nivel tan íntimo que parecerá pasar desapercibido hasta que algún día desaparezca y sintamos su ausencia.  

No podemos concebir ya una sociedad sin su entorno contruido. Por lo tanto, no podemos hablar de obras de "interés social" sin incluir a todas. El valor de la presencia de un edificio depende de muchos factores, pero la interacción de   ellos no se materializa en algo coherente sin la intervención de un arquitecto y a través de consideraciones estéticas claves para lograr el bienestar psicológico del ser humano.   

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La responsabilidad depositada en el diseño de todo edificio define a la arquitectura como un arte intrínsicamente social. No importa que la obra parezca caprichosa y extravagante o humilde y modesta. El objeto o  espacio abierto diseñado por un arquitecto se inserta  en el comportamiento colectivo de una sociedad, de sus clases y sus sectores. "Interés social" no es un eufemismo. Es un deber. 

El autor es arquitecto y fotógrafo graduado de la UPR.  Fue profesor de Diseño Arquitectónico e Introducción a la Arquitectura. Sus obras han recibido importantes reconocimientos.