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La libertad de vivir "off-grid"

Por: Nataniel Fúster, DDes, AIA

Quizás uno de los aspectos que más ha afectado a la psiquis puertorriqueña tras el paso del huracán María ha sido el verse sometida a una situación que se escapaba de nuestro control.

Hemos creado conciencia colectiva de nuestra gran dependencia a sistemas obsoletos energéticos y de abastecimiento de agua. Carecer de luz o de agua no solo ha significado unos grandes inconvenientes en el diario vivir, sino que además ha herido nuestra dignidad. 

Nos hemos dado cuenta de que vivimos completamente dependientes de conexiones de apoyo a la merced del clima, la falta de mantenimiento y la mala administración. 

De momento despertamos a una realidad no muy diferente a la de un paciente encamado cuya supervivencia depende de una sola conexión de suero, oxígeno y de medicamentos que garantizan su sustento. En un hospital esta situación vulnerable puede ser absolutamente necesaria, pero en el diario vivir no. 

Diseñar es, por naturaleza, un acto de imaginar y ponderar opciones. Se trata de una operación apoyada en la anticipación. Diseñar algo es un acto intrínsecamente ideológico. Este huracán, que no será el último, nos brinda la oportunidad de repensarnos, imaginarnos nuevamente y de rehacernos.

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Vivir fuera de la red o como se le conoce en inglés, vivir de manera "off-grid", es un paso fundamental hacia el rechazo del modo de vida dependiente que nos ha traído hasta el punto en que nos encontramos. 

Irónicamente, para lograr esa desconexión es necesario conectarnos y abrirnos al mundo natural, especialmente al sol y al viento. La ya perdida independencia energética que tenía Puerto Rico cuando la A.E.E. se llamaba la Autoridad de Fuentes Fluviales y generaba su energía de fuentes renovables producto de la presión del agua de los embalses, parece ser recuperada paulatinamente por esfuerzos individuales. Paneles solares y molinos de viento empiezan a estar cada vez más y más presentes en nuestro país. 

Esta transformación es la consecuencia lógica de que las energías solar y eólica sean gratis y muy abundantes en nuestro país. Además de que estos nuevos sistemas resultan ser cada vez más asequibles, aun tomando en cuentaque su costo inicial -que no es tan importante como el costo de su vida útil- suele ser significativo. 

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Contrario al caso de países como Costa Rica o Alemania, lamentablemente estas iniciativas no son reciprocadas por esfuerzos significativos por parte de nuestro gobierno y de sus políticos.

Paralelamente hay lugares en la isla, particularmente en las costas y en las cimas de las montañas, que posibilitan el uso óptimo de la energía del viento. Aunque su rendimiento es más difícil de predecir que el de la solar, la energía eólica tiene como una de sus mayores ventajas el poder ser capturada durante el día y la noche.

Resulta importante aclarar que la desconexión no solo puede ser energética, sino que también puede uno vivir fuera de la red de abastecimientos tradicionales de agua. A pesar de que recientemente atravesamos por una sequía, que además pone en relieve la falta de optimización de los sistemas de la A.A.A., en Puerto Rico existe una gran cantidad de ríos y de acuíferos. 

Además, como isla tropical tenemos una precipitación anual significativa y una gran cantidad de humedad en el aire lista para ser utilizada. 

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Nuestros antepasados -al igual que al presente hacen los pobladores de algunas de nuestras islas vecinas- solían recolectar el agua de lluvia que casi diariamente cae sobre nuestros techos. Antes, la mayoría de nuestras casas tenían aljibes o cisternas que garantizaban abastos de agua por meses. 

Pienso que deberíamos aprender de estas lecciones del pasado que unidas al uso y reciclaje inteligente de aguas mediante los sistemas de aguas grises, la recolección a través de deshumidificadores y la filtración y purificación efectiva, pueden brindarnos la oportunidad de vivir también fuera de la red en materia de agua.

Para lograr una desconexión total hay que recordar que todo sistema que procure la eficiencia energética y de la recolección de agua debería ser de por sí eficiente. 

Ciertos aspectos como la envoltura de las casas y de los edificios, la utilización de equipos de bajo consumo, el reciclaje del agua y la maximización del uso de luz y la ventilación natural, cobran gran relevancia a la hora de lograr estos objetivos. De poco vale ser eficientes capturando energía y agua si estas se desperdician en su uso cotidiano. 

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Después de todo, las mayores ventajas de estos enfoques no son solo las que implican alivios monetarios o que garantizan comodidades sin interrupción. 

A nuestro entender, las más significativas ganancias de vivir fuera de la red son las que se alcanzan gracias a la conciencia y la libertad que se logran al existir en armonía y sintonía con nuestro ecosistema natural. 

Estar conscientes de la cantidad de luz solar directa, de la acumulación de lluvia o de la velocidad del viento en un día particular no son inconvenientes sino acciones profundamente liberadoras que nos hacen mirar, observar y sintonizarnos con nuestro entorno natural.

Vivir conectados al sol, la lluvia y el viento nos humaniza porque entendemos mejor la riqueza y la complejidad del mundo natural. 

Vivir desconectados nos hace recordar a diario que vivimos en un ecosistema global que es a su vez vivo, frágil y limitado. 

Lograr dicha reconexión redundará en una mejor salud para el planeta y para el espíritu y la mente de sus habitantes. 

El auge de facilidades ecoturísticas en el mundo demuestra en parte, que existe un amplio público que cada vez valoriza más este tipo de enfoque, lo que no solo hace a la actividad una saludable sino una también rentable. 

Pensar en un Puerto Rico más próspero y menos dependiente debe ir de la mano con serios avances en la dirección de la sostenibilidad. 

Quizás las utopías del siglo XXI tengan que ver menos con idealizaciones de lo que el ser humano debe ser y más con la búsqueda sensata de la garantía de la supervivencia de nuestra especie reconectándonos cada vez más con el mundo natural.

El arquitecto Nataniel Fuster es socio de FÚSTER + Architects y de casa-i.com.