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La luz al final del viaje: el Faro de Las Cabezas de San Juan

Por: Beatriz del Cueto, FAIA, FAAR/ Especial para Construcción
En la pantalla grande a partir del 20 de agosto en el Fine Arts Popular Center y el Fine Arts Miramar.

El Faro de las Cabezas de San Juan, ubicado en el punto más noreste de la isla de Puerto Rico, fue construido entre 1878 al 1880. Fue el segundo faro más antiguo (luego del faro de El Morro) de un ambicioso Plan de Alumbrado Marítimo del Gobierno Español para Puerto Rico (1869), como una de sus Colonias Ultramar.  

Los faros, como importantes hitos de navegación, tenían que estar ubicados en lugares donde verdaderamente sirvieran con su linterna de luz el mayor radio posible. Este plan demuestra que el radio de la luz de un faro solapaba con la del próximo faro a lo largo de las costas. De esta manera, el navegante podría ubicarse y triangular su llegada segura a lo largo de la costa. Este sistema de alumbrado marítimo eventualmente pasó a manos de los estadounidenses  y todos los faros en Borínquen se convirtieron en propiedades del United States Lighthouse Service, quien heredó estructuras acabadas de construir. Esta entidad eventualmente se convirtió en el United State's Coast Guard, quien sigue manteniendo la operación de estos importantes hitos de navegación.

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Cuando en el 1988 (hace casi 25 años), el Arq. Francisco Javier Blanco, como Director Ejecutivo del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, nos hizo el acercamiento para laborar en el proyecto para restaurar y rehabilitar de manera científica el antiguo Faro de Fajardo (primer proyecto de esta índole en Puerto Rico), lo primero que hicimos fue investigación histórica.  Este debe ser el primer paso en un proyecto de conservación arquitectónica, para que se puedan entender tanto la tecnología de construcción original como las realidades físicas o el estado en que se encontraba la estructura.  La intención del Fideicomiso era convertir el faro histórico en el punto focal de la Reserva Natural de Las Cabezas de San Juan, un área bajo su custodia de inmenso valor ambiental para Puerto Rico. 

La estructura que alberga este hito marítimo es un rectángulo dividido de forma simétrica en planta, que albergaba las familias de dos torreros.  Estos oficiales del Gobierno Colonial estaban a cargo del alumbrado y mantenimiento del faro. Un torrero y su familia estaban ubicados a cada lado del eje central del edificio donde ubica la torre con la linterna. 

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Cada unidad de vivienda tenía una sala, dos habitaciones, una cocina con su fogón y chimenea, además de su retrete o inodoro (facilidades modernas para la época). El espacio central de uso comunal que culminaba con la torre, se accedía a través de un pórtico, un vestíbulo y un pasillo. A ambos lados del pasillo estaban el almacenaje para el petróleo que alimentaba la luz de su lente Fresnel, un almacén general y la habitación u oficina del ingeniero. El edificio fue construido de mampostería concertada, un sistema de herencia española muy utilizado para edificar obras públicas en Puerto Rico, que consta de muros gruesos compuestos de piedra caliza, arena y cal. Los techos eran semi-planos o tipo azotea, compuestos por grandes vigas y alfajías de madera de ausubo que a su vez sostenían tres capas cruzadas de ladrillo.  

La superficie exterior del techo recogía las aguas de lluvia, transportándolas a través de un sistema de canales dentro de los muros y alrededor del edificio dirigidos a una cisterna, accesible a través de un pozo o brocal. Grandes ventanales apersianados proveían ventilación natural.

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Entre el 1988 al 1991, y 108 años luego de su inauguración en 1880, nos encontramos proveyéndole un nuevo uso y devolviéndole su integridad a un importante edificio histórico de Puerto Rico. El faro había estado desocupado aproximadamente una década cuando comenzamos el proyecto con la investigación histórica, la documentación de las condiciones existentes, la investigación científica de sus terminaciones y colores originales, y la arqueología de las inmediaciones del faro antes de preparar los planos y especificaciones para la intervención nueva solicitada. Como se encontraron los planos originales entre el Archivo General de Puerto Rico, el Archivo Histórico Nacional de Madrid  y las oficinas de Puerto Rico del U.S. Coast Guard, pudimos reconstruir la distribución espacial original del edificio, a la vez cumpliendo con el Programa de Usos del Fideicomiso, ya que ningún edificio histórico puede funcionar o se le puede prolongar la vida si no tiene un uso compatible a su diseño original que a la vez cumpla con las necesidades nuevas.

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Al entender, a través de la investigación, que para que los torreros y sus familias pudieran vivir y sobrevivir en este faro necesitaban tener agua potable para sus necesidades diarias, fue importante entender y restituir el sistema de colección y desagüe original de los techos y devolverle a las azoteas su rol protagónico como colectores de agua. El rescate y la restauración de los canales que bajaban de los techos y terminaban en la cisterna, fue una de las metas principales logradas, técnica sostenible.  

Un factor importante para lograr la restauración de estos canales fueron los trabajos arqueológicos dirigidos por el Dr. Agamemnon G. Pantel, que descubrieron y documentaron el sistema pluvial completo, incluyendo la cisterna, lo cual facilitó su restauración y uso actual. Esta cisterna aún alberga su función original como almacén de agua que al presente se utiliza para los baños dentro del faro.

Luego de más de 100  años de uso, se encontraron intervenciones desacertadas. Como meta importante, nos propusimos devolverle al faro la forma y distribución interior original, al igual que sus grandes ventanales y puertas.  

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Como el Programa de Usos del Fideicomiso contemplaba que la estructura incluyera áreas de investigación y de hospedaje para científicos y estudiantes, decidimos habilitar los espacios originales a cada lado del vestíbulo central para cumplir estas metas. La cocina más dos habitaciones de dormir del ala oeste se devolvieron a sus usos originales; la cocina volvió a ser cocina (aunque   contemporánea) y las habitaciones de dormir volvieron a serlo.  En el lado opuesto de la planta, se rehabilitaron los tres espacios similares como áreas de investigación, según requerido por el Programa del Fideicomiso. Los baños se tuvieron que ampliar en cantidad y cambiar de lugar y se añadieron salidas adicionales para cumplir con los códigos de construcción contemporáneos. Los espacios comunales que ubicaban al centro del edificio y la torre fueron reconstruidos para acomodar los baños públicos, cuartos mecánicos  y espacios para el laboratorio de biología.   

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La conveniente ubicación geográfica del faro de Las Cabezas de San Juan, un promontorio natural, ayudó en la economía de materiales de construcción, ya que la torre no tuvo que ser tan alta porque su ubicación proveía una excelente elevación.

La tecnología de la mampostería de sus muros, probó ser resistente a huracanes y terremotos.  Al igual, los materiales estaban disponibles en la naturaleza circundante: arena, cal y la piedra caliza de su base, que según los documentos históricos consultados, fue extraída de la mina del cayo de Icacos, al otro lado de la bahía de Fajardo.  

Devolverle la secuencia espacial a las dos viviendas, adicional a los espacios de uso comunal por los torreros, fue un importante concepto de diseño. Cuando uno entra al faro hoy día, aunque a ambos lados del vestíbulo están las áreas de exhibición e interpretación de la Reserva, se definieron las dos viviendas originales a través de sus pavimentos y el uso de otros recursos arquitectónicos. Se restituyó el piso original de losa de Génova del vestíbulo y escalera de subida a la torre (el mármol gris y blanco), con losas históricas similares provenientes de edificios que habían sido demolidos en San Juan, reciclando esas losas al incorporarlas al proyecto, otra técnica sostenible. 

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Al igual, usamos elementos históricos dentro de la misma estructura para guiar algunas de las intervenciones contemporáneas. Para recuperar el espacio de lo que eran las salas originales de las dos viviendas (hoy día áreas de exhibición), utilizamos el elemento divisorio arquitectónico conocido como el medio punto, articulando los espacios, aunque no existan paredes físicas. El medio punto, sostenido por columnas históricas recicladas, tiene un montante decorativo que simula, de forma agrandada, el diseño original de la contrahuella de la escalera espiral original de hierro que sube al techo y a la linterna.  

Importantes elementos históricos que se pudieron salvar fueron las vigas originales de los techos y los ladrillos de techar. Las pocas vigas que se tuvieron que restituir debido a deterioro extremo; se reciclaron de otros edificios históricos en Puerto Rico donde habían sido descartadas y que el Fideicomiso tenía almacenadas para sus proyectos. Restauramos el techo en sitio con extrema cautela, sin tener que desmantelarlo para luego reconstruirlo. Se removieron las múltiples capas superiores de impermeabilización sobre los techos, instaladas durante el Siglo 20, sin remover sus tres capas de ladrillos originales, debido al peso añadido a la estructura original que representaba un peligro a su integridad. La escalera espiral de hierro colado que aun sube hasta la azotea y la linterna fue uno de los elementos originales mejor preservados del faro, siempre estuvo de la manera que uno la aprecia al presente, solo requirió reparaciones mínimas y pintura.

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Una importante intervención estructural nuestra fue añadir unas plataformas contemporáneas encima del techo (con capacidad para 150 personas) como cumplimiento importante del Programa de Usos requerido por el Fideicomiso, desde donde se pudiera apreciar y estudiar la Reserva en su totalidad. Estas plataformas de acero y madera, que simulan las barandas de un barco contemporáneo, descansan sobre los muros de carga del edificio y para nada le imponen peso a la superficie del techo histórico original. 

Para completar el aspecto exterior e interior original, durante el inicio del proyecto se extrajeron muestras de los morteros y enlucidos históricos originales, al igual que muestras de las pinturas de las maderas para poder utilizar materiales y esquemas cromáticos que fuesen compatibles al diseño original. Estos análisis científicos fueron realizados por el profesor Frank Matero, quien como técnico restaurador experimentado, en aquel momento dirigía el Laboratorio de Conservación Arquitectónica de Columbia University.

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A través de estos análisis se pudieron enlucir y encalar los muros con mezclas compatibles similares a las originales, y le devolvimos al Faro de Fajardo su esquema de color original: el gris obscuro de su base, el gris azulado de sus muros, el blanco para los resaltes arquitectónicos y el verde esmeralda para las puertas y ventanas. 

La cúpula de cobre doble coronada por las veletas de puntos cardenales de bronce que están ubicadas encima de la linterna, fueron pulidas y brilladas para que asemejaran su lustre original, sirviendo como importante punto de referencia en el Faro de las Cabezas de San Juan, lo mismo de día que de noche.

Sobre Beatriz del  Cueto

Beatriz del Cueto es arquitecta licenciada en Puerto Rico con especialización en el campo de la Conservación Histórica, Fellow del Instituto Americano de Arquitectos, Fellow de la Academia Americana en Roma, Fellow del James Marston Fitch Foundation, y Premio Henry Klumb 2012.  Es socia principal de la firma Pantel, del Cueto & Asociados en Puerto Rico desde donde ofrecen asesoría en asuntos relacionados al patrimonio construido y temas que incluyen la historia, la arqueología y la arquitectura tradicional.

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La Arquitecta estableció y fue la primera directora del Laboratorio de Conservación Arquitectónica de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico donde fue docente por 17 años. Ha estudiado a fondo los materiales y tecnologías edilicias tradicionales en Puerto Rico y la región del Caribe, y ha enfocado sus nuevas investigaciones y publicaciones a tecnologías y materiales más recientes como el cemento Portland y el hormigón armado. Sus artículos técnicos y proyectos de arquitectura han recibido numerosos premios y han sido publicados en revistas profesionales de prestigio.

15 faros en Puerto Rico

Un año y medio tomó la filmación, edición y terminación del documental "15 faros de Puerto Rico" que estará en exhibición a partir del 20 de agosto en el Fine Arts Popular Center y el Fine Arts Miramar. Cada uno de los 15 faros alrededor de la isla cuentan una historia desde la perspectiva de la gente que los habitó o que trabaja alrededor de ellos como son los pescadores o los biólogos, historiadores y arquitectos. Los faros nos llevan a imaginar una época donde la luz era un símbolo de esperanza en los peligrosos mares alrededor de la Isla, pero sobretodo nos permiten asomarnos al pasado y a un presente para admirar sus estructuras y bellezas naturales que los rodea.

Este documental fue posible gracias a la producción de la Universidad del Sagrado Corazón, Marina Films, y el auspicio de Para la Naturaleza, el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, Donativos Legislativos, aportaciones individuales a través de Indiegogo y el apoyo de hoteles como Parador Boquemar en Boquerón y Villa Patria Apartments en Culebra y el coauspicio del estudio Reaktor Post y Clip Audiovsiual.

El equipo técnico lo componen la directora y productora Sonia Fritz, el director de fotografía Carlos Zayas, la sonidista Margarita Aponte, el editor David Moscoso y el compositor Enrique Bayoán Ríos Escribano.

Sinopsis: Sinopsis faros

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