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Los empleos y los bienes raíces, una reflexión de rigor

Por: Roberto Carrasquillo Ríos | Realtor Full Service Realty

La industria de los bienes raíces e hipotecaria es parte esencial de nuestro crecimiento socioeconómico. Obviamente si el país está en decrecimiento económico, como sucede desde 2006, por rebote, se afecta la industria inmobiliaria en general. Un ejemplo verídico de ese efecto es el siguiente.

Hace un tiempo un colega me decía que al comienzo del año 2000, en un turno de llamadas de tres horas en su oficina y con cinco corredores de bienes raíces, cada uno recibía de cuatro a seis llamadas de compradores. De esas llamadas, a la semana, cada corredor lograba un promedio de cinco citas para mostrar una propiedad, lo que producía al menos una opción. Hoy ese no es el escenario y apenas esa oficina suscite en el sector de reventa de propiedades residenciales. 

¿Qué produjo ese dramático cambio en la industria y el país?

Desde mi perspectiva como corredor de bienes raíces soy testigo de ver cómo muchos centros industriales cerraron. Eso dejó en la calle a decenas de empleados bien remunerados y los consabidos empleos indirectos. También se perdieron múltiples servicios especializados en corretaje y consultoría corporativa que afectó a muchos profesionales colegas corredores. 

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Muchos de esos cesanteados y/o desempleados que antes fueron compradores de vivienda, ya del 2008 en adelante tuvieron que recurrir al mecanismo de ventas cortas “short sales” al no poder pagar sus hipotecas. Desde ese momento este fenómeno fue en ascenso y se agudizó con la devaluación de los mercados producto de la burbuja inmobiliaria.  

Ese escenario hipotecario comienza a consecuencia de Puerto Rico perder el único incentivo económico de inversión de capital que se tenía y ante la ausencia de un verdadero modelo de desarrollo económico sostenible. Aún en el 2020 nuestra industria de bienes raíces e hipotecaria vive las repercusiones del evento anterior. Mientras, el país todavía no encuentra una fórmula económica sostenible que nos ayude a promover crecimiento económico y la producción de empleos necesarios para la industria de bienes raíces e hipotecaria.  

Ante la fluctuación económica del país, ¿qué nos corresponde hacer? 

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La situación que vivimos en medio de la crisis económica, la cual se agrava ante el COVID-19, debemos mirarla bajo el principio de Albert Einstein. Este postuló y citamos “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y los países, porque la crisis trae progresos”. Hoy ya se postula que la pandemia podría producir las oportunidades económicas que en el país y la industria necesitamos. 

Sobre lo anterior es importante señalar que a raíz de la pandemia del coronavirus, sectores de la salud y seguridad en los Estados Unidos han planteado la preocupación de la estrecha dependencia de los estadounidense a los productos y dispositivos médicos fabricados en China; lugar donde precisamente se inicia la pandemia. De esta manera el pueblo de Estados Unidos se presenta vulnerable e indefenso en el momento histórico que se vive a nivel mundial.   

Ante este escenario ya han surgido voces que postulan la consideración de Puerto Rico como un destino de inversión de capital en el proceso de reactivar la industria manufacturera en farmo-tecnología en territorio y jurisdicciones de Estados Unidos. Con ello se pretendería poner fin a la dependencia farmacéutica norteamericana de países extranjeros lo que garantizará la seguridad y salud del pueblo estadounidense. Esto al no estar amenazados en su cadena de suministro médico. De igual manera, de rehabilitarse la economía de Puerto Rico, se ayudaría a comenzar a lidiar con la crisis socioeconómica que enfrentamos y podría traer bonanza a la industria de bienes raíces e hipotecaria.

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Esta iniciativa nos devolvería una herramienta que de lograrse, y superando los errores del pasado, activaría nuestros mercados de producción. Si eslabonando estos mercados al empresarismo local y decretos municipales podríamos reactivar la rueda de la actividad económica en el país y por ende la venta de propiedades, alquiler de espacios comerciales y la administración de servicios de corretaje corporativos. De esta manera se reabriría un extraordinario e interesante taller de trabajo para la banca y corredores de bienes raíces al crearse los empleos que la industria ansia y necesita.

Obviamente en el camino de lograr estos empleos para Puerto Rico se presentarán dificultades y obstáculos. Dicho lo anterior resulta de rigor ver qué traen a la mesa uno de los sectores que bien podría beneficiarse de esta iniciativa como sin duda es la industria de bienes raíces e hipotecaria.

En esa reflexión los aportes de cada sector como la Puerto Rico Asocitation Of Realtor (PRAR), la National Association Hispanic Real Estate (NAHREP Puerto Rico) y la Asociación de Banqueros Hipotecarios (M-Loam) entre otros, serán de mucha importancia de este proceso. De igual manera los recursos de cabildeo de estos colectivos en Washington deberán estar disponibles y dispuestos a colaborar 

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Ante el reto que hoy nos presenta la historia, para la industria de bienes raíces e hipotecaria resulta de rigor responder a la altura que el país exige. Porque como aprendimos en el patio criollo de una figura importante ya fallecida, el liderato se ejerce “para el bien de todos”.

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