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Oda a la vida doméstica

Por: Sylvia Villafañe

Los bodegones narran el quehacer cotidiano en algún lugar o periodo histórico y, en ellos, la diversidad y el colorido de los frutos que presentan son parte importante de las obras.

También incluyen en la representación naturaleza muerta, flores o cualquier utensilio de cocina.

La pintura nos ha presentado magníficos ejemplos de los populares bodegones. En ellos, el uso de la luz y la sombra matiza la atmósfera en la presentación en primer plano de, por ejemplo, un racimo de uvas o de plátanos, de manzanas o mangoes, de un ramito de flores silvestres, vasijas, tazas o cualquier utensilio de mesa o cocina que demuestre costumbres diarias.

El interés por capturar estas escenas es antiquísimo. En el antiguo Egipto (3,000 a.C.), los bodegones adornaban el interior de las tumbas con miras a que los alimentos y objetos que mostraban estuvieran disponibles para los fallecidos una vez arribaran al nuevo mundo. Igual hay rastros de ellos, incluso pintados de modo realista, en los inicios de las culturas griegas y romanas.

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Algunos historiadores del arte consideran que el bodegón adquirió su mayor plenitud en el siglo XVII de la mano de pintores holandeses y españoles –como Osias Beert I o Francisco de Zurbarán- quienes atendieron con precisión el detalle de los alimentos, la naturaleza muerta y los objetos mostrados. Aunque a veces han tenido que luchar por atención entre la pintura religiosa, histórica o mítica a lo largo de distintos periodos, este tipo de pintura siempre ha contado con el apoyo del público que con ellos celebra tanto el momento de comer como la existencia de esos bienes culinarios. 

Hoy, los bodegones modernos integran técnicas diversas como la fotografía, el vídeo y el sonido.

En nuestra isla, tanto el bodegón como la cornucopia –ese cuerno de la abundancia repleto de frutos que heredamos de la tradición griega- han motivado a nuestros creadores a lograr sus versiones. 

Sin mirar quién los firma, los sentimos nuestros tan pronto identificamos en el lienzo aguacates, chinas, plátanos, cocos, calabazas, carambolas o hasta trozos de caña de azúcar. Las cucharillas y las famosas “ditas” confeccionadas de higüeras también aportan a recrear el entorno puertorriqueño de inicios del siglo pasado. 

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Maestros como Francisco Oller, Ramón Frade o Fran Cervoni, entre muchos otros, han abordado el bodegón desde el realismo mientras que la experta Olga Albizu, también entre otros, se acercó al tema desde la abstracción. 

Hoy, nuestros artistas Omar Medina, Orlando Meléndez, entre otros presentan sus apuestas sin temor, inspirados en una amplia tradición local y universal que les motiva a ser mejores.

Es una cadena de inspiración la que provoca el bodegón de siempre. Por eso mantiene su encanto ante las nuevas generaciones.