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San José, ya casi

Por: Jorge Rigau, FAIA

En par de meses, vendrá al piso el andamio que por más de una década ha permitido restaurar áreas previamente inaccesibles de la Iglesia San José. La culminación de esta joya patrimonial del Viejo San Juan está cerca. 

Los miembros y colaboradores del Patronato Monumentos de San Juan, Inc., entidad sin fines de lucro que ha asumido la responsabilidad de devolverle el templo a la ciudad, tienen a su mérito haber aglutinado recursos – especialistas locales e internacionales, académicos, mano de obra, estudiantes y suplidores – para la recuperación de la segunda iglesia más antigua de América.

El empuje para culminar el esfuerzo continúa. Hoy por hoy, en el edificio, personal que ha sido entrenado en el mismo proyecto prepara la mezcla de cal, arena y ladrillo con que se empañetan los muros; varios aplican capas de la mezcla en cúpulas de gran altura. 

Un equipo atiende la disposición de la electricidad; sólo restan por instalarse algunas ventanas. 

El retablo ya fue restaurado, así como la pintura mural. Y tan pronto pueda removerse el andamio sobre el área del altar, comenzarán a instalarse las losas de piso. 

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¿Y no llevan años ya en ello? En efecto… y porque ha sido necesario. 

Resulta compleja la recuperación de un edificio antiguo por más razones de las que uno supone, ya sean su edad o la magnitud de la estructura; las técnicas constructivas utilizadas; su fuerza iconográfica o su sofisticación ornamental. 

Añádanse a esta lista las intervenciones a las que la estructura fue sometida a través de los años, la responsabilidad de cumplir con los códigos de construcción vigentes y, por supuesto, el tiempo y el dinero que exige atender responsablemente cada condición. 

Todas y cada una de estas consideraciones inciden en el proyecto que finalmente ha de restituirle su valor patrimonial a la Iglesia San José.

Persigue el rescate del templo devolverle la vida, no como mera pieza de un pasado remoto, sino como personaje protagónico de nuestra continuidad histórica, capaz de “hablarle” a quienes lo visiten en el futuro. Cuando la Iglesia San José abra sus puertas, se harán evidentes muchas de las cicatrices de su trayectoria de cinco siglos. Se podrá, por ejemplo, constatar dónde se apoyó el techo a dos aguas en madera y yaguas que una vez cubrió la nave principal. Algunos se sorprenderán al ver las ventanas militares que han salido a la luz, de los tiempos en que el edificio se utilizó como fortaleza defensiva. En el interior, llamará a muchos la atención, la huella del bombazo que impactó su fachada principal en la Guerra Hispanoamericana. Una vez culminados los trabajos, la Iglesia San José será abecedario, libro y mapa… en fin, espejo contra el cual mirarnos y medir las aspiraciones y logros de la cultura puertorriqueña a través del tiempo…

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