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Sustentabilidad y resiliencia del siglo 21

Por: Jomar José Rivera Cedeño| jomar.rivera@gfrmedia.com

¿Sabes que todos los días, cada persona usa el equivalente a un metro cúbico de hormigón en todo el planeta? El hormigón es el material más sustentable que hasta el presente ha trabajado el ser humano. Es con hormigón que Puerto Rico se ha desarrollado desde los años 50, es un producto local y su manufactura impacta directamente a múltiples sectores de la economía de Puerto Rico. Es la inversión con mayor efecto multiplicador que existe en la industria de la construcción. 

Todo ello representa sustentabilidad económica. Puesto que aporta crecimiento empresarial local, incrementa las recaudaciones de impuestos del gobierno y emplea a gran cantidad de puertorriqueños. 

La construcción del siglo 21 tiene enormes retos. Y aunque la tecnología avanzada podría parecer un poco más cara que los métodos convencionales, requieren mucho menos personal, por lo que aporta alta eficiencia a los tiempos de construcción, minimiza la posibilidad del error humano y aporta grandes economías al proceso final.

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Para determinar que un producto o técnica de construcción es sustentable, hay que evaluarla desde tres puntos básicos: económica, ambiental y socialmente. 

Mientras que para determinar si un producto o técnica es resiliente, hay que pensar en cómo nuestras construcciones reaccionan a su entorno y con esto incluimos las condiciones climáticas como el incremento del  calor, más lluvia e inundaciones y cómo nuestros edificios, por su composición, pueden resistir.

Por ejemplo, puedes conseguir un tratamiento de impermeabilización de techo que te cueste a $2.50/pc pero tienes que reaplicarlo cada cinco años. Sin embargo, existe una opción, la sílica coloidal, que cuesta $4.00/pc pero consta de una sola aplicación por toda la vida. En un análisis de costo, de un ciclo de 30 años, el tratamiento de membrana líquida te habrá costado $11.10/pc vs $4.00/pc del otro, si a eso le sumas la disposición de seis veces las pailas de la primera opción, tendrás un costo ambiental mayor. 

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Otro ejemplo es el acabado de pisos. Un piso de losa de vinil puede tener un costo inicial de $4,75/pc, tiene un costo asociado de mantenimiento de $0.30/pc anuales de mantenimiento y posiblemente tiene una vida útil de 15 años, Como opción resiliente, tienes un trabajo de un piso de hormigón pulido en su etapa de construcción con el sistema Concria a un costo inicial de $3.50/pc, un mantenimiento asociado de $0.10/pc por año y ningún costo de reemplazo, pues es un acabado de piso que no tiene caducidad. En un análisis de costo a treinta años, el piso de vinil te habrá costado $18.75/ pc versus el acabado de piso de hormigón pulido por $6.50/pc. Ni hablar del costo ambiental que representa darle mantenimiento y reemplazar un piso de vinil en un periodo de treinta años.

En construcción de infraestructura el ejemplo más claro es el del pavimento. Mientras el gobierno invierte grandes cantidades de dinero en pavimentar en asfalto, la pavimentación de hormigón -aunque en su costo inicial es más cara- por su durabilidad es la opción más económica, inclusive a un menor costo social.

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Una tecnología que está cambiando cómo se construye el hormigón, es la incorporación de la sílica coloidal como aditivo en hormigones frescos o aditivo de colocación post-endurecimento, creando mejor y más pasta de cemento, mejor cohesión de agregados, densificando la matriz del producto para evitar entrada de contaminantes y mantener sobre 10 el pH para obtener mejor condición interna de por vida. El uso de fibras sintéticas ofrece enormes beneficios que harán del hormigón uno más resiliente a la exposición y ataque de elementos de la naturaleza.