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Una aventura contra viento y marea

Por: Sofía Muñoz Puig/ Especial para Construcción

Durante los años fiscales 2009 y 2010 Puerto Rico perdió más de 120,000 empleos y el desempleo alcanzó el 16%. La inversión en la construcción se redujo en el orden de un 40% y las ventas de cemento fueron casi la mitad (55.9%) de lo que habían sido dos años antes. Las ventas de vivienda colapsaban y el financiamiento para nueva construcción privada estaba, se podría decir, en peligro de extinción.

No obstante, a pesar de las adversas circunstancias socioeconómicas, el Municipio Autónomo de Carolina prosiguió con su plan de desarrollo para el centro urbano e hizo solicitud pública de propuestas para el desarrollo de 153 unidades de viviendas en varios predios. 

El arrojo del municipio fue cabalmente reciprocado por Caribe Tecno, empresa fundada en 1972  que consciente de los retos y los riesgos que la proposición representaba, eligió ver en éstos una oportunidad para demostrar que “era posible satisfacer las demandas del mercado y desarrollar proyectos de primera calidad a precios asequibles, dentro de pequeños bolsillos de terrenos urbanos”, afirmó el Ing. José Domingo Pérez, presidente de Caribe Tecno, empresa desarrolladora de cuatro proyectos de vivienda urbana de interés social entre el 2010 y el 2016 en Carolina.

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Esa visión apasionada de excelencia en la construcción y el desarrollo, con responsabilidad social, calidad de vida y conservación del medioambiente de la que siempre se ha preciado Caribe Tecno, y la que se evidenció en su propuesta al municipio, requirió a su vez el compromiso de una entidad bancaria para el financiamiento de costos de desarrollo ascendentes a  más de $20 millones. “Con la contracción económica y la reducción en capacidad de adquisición del mercado, los retos para obtener financiamiento resultaron más difíciles de superar que todo lo técnico y procesal”, admitió Pérez.

Compromiso y ejecución

Sin embargo, tras un  riguroso análisis donde Caribe Tecno “inyectaba dosis de idealismo social como complemento al pragmatismo económico”, el Banco de Puerto Rico determinó participar del proyecto y viabilizó su financiación. 

“Entiendo que poder comunicar nuestra convicción sobre la deseabilidad, el valor socioeconómico y el impacto de los desarrollos que pretendíamos realizar, influyó tanto como la capacidad y la experiencia de nuestro equipo profesional”, señaló el Ing. Pérez. “A fin de cuentas, no hay motivo de lucro que pueda superar las motivaciones que surgen de la convicción de lo que contribuirá al bien común”.

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En la determinación de poner tanto en una misma canasta, “incidió la proyección de sana administración pública del Gobierno Municipal Autónomo de Carolina”, de acuerdo al entrevistado. “Su alcalde, José Carlos Aponte Dalmau es un ingeniero colegiado que,   desarrollado en la empresa privada, tenía una visión clara para el desarrollo integrado del municipio y de su centro urbano. Durante los procesos, resultaba evidente la consideración de los elementos analíticos que de ordinario contemplamos los ingenieros y, además, contaba con un equipo de trabajo con planificadores, ingenieros y financieros de primer orden”, reconoció el ingeniero.

Resultado: Cuatro proyectos cinco estrellas

Habiéndose completado el desarrollo de todas las obras -se entregó la última este año-, resulta fundamental, según Pérez, “reflexionar sobre cómo evolucionaron los proyectos, al igual que sobre imprevistos que superaron la más fantasiosa imaginación”.

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“Por un lado resulta fácil identificarse con la satisfacción de desarrollar comunidades a una escala que permite desarrollar el sentido de propiedad y pertenencia, en predios que ocuparon estructuras dilapidadas, talleres de mecánica y hasta una gasolinera con riesgos ambientales y de seguridad para los parroquianos”, comentó el presidente de Caribe Tecno. 

Hoy, decenas de familias disfrutan de modernas viviendas en el centro de Carolina con espacios y terminaciones de primera calidad, en un concepto urbano de estilo europeo donde en vez de utilizar el automóvil se puede caminar a escuelas, iglesias, teatros, museos, parques, comercios, oficinas de servicios, así como al Hospital San Fernando de la Carolina. 

El diseño de los proyectos se concibió dentro de las limitaciones de la geometría de los solares urbanos. De esta forma se pudieron desarrollar más de 20 amplias distribuciones distintas, que incluyen apartamentos estudio, de una, dos y tres habitaciones, con algunos modelos con un baño y medio y otros con provisiones para personas con limitaciones.

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La labor encomiable de Caribe Tecno se destacó, por otro lado, por su diligencia al contrarrestar imprevistos durante el proceso de construcción. “Al construir en centros urbanos aparece infraestructura sin documentar que requiere trabajos adicionales”, según Pérez. Ese fue el caso de los proyectos de Carolina, cuyos imprevistos afectaron el factor tiempo y conllevaron costos que la empresa no puede recuperar. “Sin embargo, aún tales hallazgos no suelen ser tan peligrosos como otros que tienen el efecto de destruir la viabilidad económica de lo proyectado”, aseguró.

Durante el desarrollo de los proyectos se encontraron hallazgos de gran valor histórico. En uno de ellos, el LV Plaza, los hallazgos causaron que hubiese que realizar estudios arqueológicos a lo largo de cinco años, del 2010 al 2014. Caribe Tecno tuvo que sufragar costos directos no anticipados ascendentes a cientos de miles de dólares, afirmó. 

Como “compensación” por dichos costos, “a Caribe Tecno le queda la satisfacción de haber cumplido con su responsabilidad social y haber legado a Carolina y a Puerto Rico una obra investigativa de trascendencia sobre la historia de Carolina desde el Siglo XVI al presente”.

Los proyectos de vivienda urbana son: LV Plaza, nombrado en honor a Lorenzo Vicarrondo; El Boquio, bautizado con el apodo del artista carolinense, Roberto Alberty; FB Suites, cuyo nombre lleva las iniciales de Felipe Birriel; y FC Suites, en honor a Federico Cordero.